En los últimos dos años y medio, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación () acumula al menos 71 días de como parte de sus protestas nacionales que se reactivaron en 2024, principalmente en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas y la capital del país, en donde el magisterio disidente tiene mayor presencia.

De acuerdo con una revisión hemerográfica de movilizaciones en la Ciudad de México, la Coordinadora suspendió actividades durante 27 días en 2024, equivalentes a 14.6% de un ciclo escolar de 185 días; 25 días en 2025, que representaron 13.5% del calendario lectivo, y suma 19 días de paro nacional indefinido en 2026, equivalentes al 10.3% del ciclo escolar si se toma en cuenta que el calendario escolar es de 185 días.

En estos paros de actividades, sus demandas se han centrado en la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 para sustituir las cuentas individuales por el régimen solidario y calcular pensiones en pesos; la desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (Usicamm), para modificar el sistema de asignación de plazas, la contratación automática de egresados normalistas y un incremento de 100% directo al salario base; la eliminación de la reforma educativa, así como aumento salarial.

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De acuerdo con la revisión, entre 2019 y 2023 no se registran paros nacionales indefinidos, debido a la reconfiguración de las protestas magisteriales por las acciones en demandas estatales y la pandemia de Covid-19.

El primer paro nacional indefinido durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador se registró en 2024, del 15 de mayo al 11 de junio, con una duración de 27 días, que concluyó tras acuerdos con autoridades federales, incluido un ajuste salarial.

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En 2025 se presentó un segundo paro nacional indefinido, del 15 de mayo al 9 de junio, con una duración de 25 días, que incluyó el incendio de las oficinas centrales del Sindicato Nacional.

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Este año, la CNTE mantiene un tercer paro nacional indefinido, iniciado el 1 de junio y que a la fecha sigue sin ser solucionado, a pesar de que falta menos de un mes para el cierre del ciclo escolar 2026-2026 y que mantiene fuera de las aulas a 1.4 millones de niños, niñas y adolescentes, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

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“Lamentablemente, ya se vuelve una constante que al menos una vez al año, generalmente alrededor del 15 de mayo, la CNTE recurre a paros nacionales o suspensiones de actividades como mecanismo de presión. El problema es que independientemente de las demandas que están sobre la mesa, quienes terminan absorbiendo el costo son las niñas, niños y adolescentes que pierden días efectivos de aprendizaje”, afirma María Teresa Gutiérrez, directora de Monitoreo de Indicadores de Mexicanos Primero.

La especialista explica que este tipo de interrupciones tiene efectos acumulativos en el aprendizaje, particularmente en entidades con rezagos educativos estructurales, donde el tiempo efectivo en el aula es determinante para el desarrollo de habilidades básicas como lectura, escritura y matemáticas.

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Añade que cada día sin clases reduce el avance en contenidos esenciales y limita los procesos de acompañamiento pedagógico, especialmente en contextos en los que la escuela representa la principal fuente de aprendizaje.

Señala, además, que el impacto no es homogéneo, ya que los estudiantes con mayores recursos pueden acceder a apoyos externos, mientras que los sectores más vulnerables dependen casi exclusivamente del sistema educativo público.

En coincidencia con ese diagnóstico, Horacio Martínez, académico del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación José María Morelos, sostiene que los 71 días acumulados de paro nacional indefinido en apenas dos años y medio reflejan la normalización de una práctica en la que el calendario escolar queda subordinado a negociaciones recurrentes sin resolver los problemas estructurales del sistema educativo.

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A su juicio, los paros nacionales registrados en 2024, 2025 y 2026 dejan de ser una medida de presión excepcional para convertirse en una constante dentro del calendario escolar.

“Tres paros nacionales indefinidos en tres años consecutivos, todos alrededor del 15 de mayo y con demandas similares, muestran un patrón que ya no puede considerarse extraordinario”, afirma.

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Comenta que la pérdida de tiempo escolar impacta con mayor fuerza a las poblaciones más vulnerables, y que niñas, niños y adolescentes que viven en contextos de pobreza, violencia o exclusión dependen en mayor medida de la escuela para acceder a oportunidades de aprendizaje, por lo que la suspensión de actividades amplía las brechas educativas existentes.

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“Setenta y un días de aulas vacías en algunas de las entidades más marginadas del país representan una deuda educativa difícil de saldar con las generaciones que menos pueden esperar.

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“La CNTE lleva 71 días acumulados de paro en estados donde los niños ya tienen menos de 14 probabilidades en 100 de terminar una carrera, y aun así declaran que su movimiento es en defensa de la educación pública, con la seriedad de quien apaga un incendio con gasolina”, dice.

Martínez recuerda que la movilización de 2024 concluyó con un incremento salarial de 10%. Sin embargo, en 2025 y 2026 resurgen nuevos paros nacionales con demandas más amplias.

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María Mercedes Ruiz, investigadora y académica del Departamento de Educación en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, refiere que la CNTE es un actor político que en este momento tiene la intención de ganar plazas, aumento salarial y la derogación de la Ley del ISSSTE en el marco del Mundial.

“El asunto es que tanto Andrés Manuel López Obrador como Claudia Sheinbaum se comprometieron a derogar esa ley, la reforma educativa anterior y mejorar las condiciones de los maestros. La Coordinadora Nacional está violando el derecho de aprender de las niñas, niños y adolescentes. Un día sin clases es una fuerte violación al derecho y a la justicia educativa”, expone.

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