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Panamá.- “He logrado sacarlos del fuego donde se encontraban”.
Así se refirió con dolor el indígena Josué González al rescate de dos de sus hijos pequeños, una de cinco y otro de siete años, de un lugar donde operaba una secta a la que se atribuyen los siete cadáveres encontrados en una fosa la víspera, presuntamente víctimas de un culto, en una zona originaria remota de Panamá.
Es la resignación para este hombre en medio de una tragedia familiar dantesca: su esposa y cinco hijos se cuentan entre los cuerpos exhumados en la comunidad de El Terrón, en la comarca indígena Ngabé buglé, al occidente del país. Unidades de la fuerza pública acompañaron este jueves a González al hospital de esta ciudad de la provincia de Veraguas, en el centro de la nación, para que a su niña rescatada se le practicaran unos exámenes, a fin de detectar si tenía alguna fractura.
Este hombre no encontraba explicación sobre lo que pasó en su pueblo. Paralelamente, las autoridades se preparaban para presentar en las próximas horas ante un juez a las 10 personas arrestadas y a las que señalan de integrar la secta identificada como La nueva luz de Dios, que, según informes oficiales, llevaba operando algunos meses en esa comunidad.
Horas después, el cacique de la región, Evangelisto Santo, confirmó a The Associated Press que entre los detenidos se encuentra el papá de Josué y varios hermanos. A nueve de los cautivos se les imputaron el viernes cargos por privación de libertad, homicidio agravado y femicidio, según la fiscalía de Bocas del Toro.
Diómedes Blanco, un miembro de la comunidad de 27 años que participó con la policía en el rescate de las 14 personas el martes por la tarde, dijo a la AP que antes de que las muertes se dieran a conocer, dos miembros de la secta le contaron lo que practicaban.
“La razón de cometer esa clase de sacrificio era que Dios los había ungido a ellos como profetas”, aseguró que le dijeron los hermanos Otniel y Josafat González. “Que Dios los había ungido para que hiciera todas esas anomalías. El propósito de todo eso era acabar con la comunidad. ¿Porqué? Porque la comunidad no quería creer en Dios”, agregó.
Esta es la primera vez que se registra un caso como éste y que implique a una comunidad aborigen pobre en Panamá, aunque sí se ha informado antes de sectas que practican exorcismos. Sin embargo, no se había producido el tipo de maltratos físicos y muertes ocurridos en El Terrón.
Andrew Chesnut, profesor de estudios religiosos de la Virginia Commonwealth University dijo que la secta parece ser un “culto sincrético” que defiende una “mezcolanza de creencias unidas”.
Las autoridades aseguran que tuvieron conocimiento de que algo pasaba en esa zona el domingo y que el martes llegaron al lugar las fuerzas de seguridad, rescatando a 14 indígenas de una estructura que los miembros de la secta utilizaban para sus ritos. Se encontraron con una comunidad “aterrorizada”, señaló el jueves en rueda de prensa el subdirector de la Policía Nacional, Alexis Muñoz.
No obstante, el indígena González, de 39 años, se queja de que el arribo de las unidades de seguridad demoró y ello lo atribuye en buena parte a que El Terrón está aislado e incomunicado.
Explicó que su familia fue sacada el lunes de su casa a la fuerza por miembros de la secta, mientras él trabajaba en el huerto, donde cultiva yuca, ñame y arroz. “Los decapitaron”, externó.
En tanto, el fiscal provincial de Bocas del Toro, Rafael Baloyes, aseguró que se percataron de lo que sucedía luego de recibir información de lugareños que habían sido maltratados por ese grupo que practicaba “otro tipo de creencias religiosas”.
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