A sus 70 años, la actriz brasileña Denise Weinberg asegura que no ha pasado por ningún procedimiento estético.

La protagonista del filme El sendero azul (O último azul) es de las pocas actrices de su época que ha decidido mostrarse en pantalla tal como es.

“Yo soy la única de mi generación que no tiene procedimientos estéticos. No tengo problema con mi cuerpo ni con mis arrugas. La vida es así, el cuerpo envejece, como una planta. Yo tengo problema con la obsesión de querer ser eternamente joven, eso sí es una esclavitud”, afirmó.

En una industria obsesionada con la juventud, su postura no solo es personal, también es política. Esa decisión atraviesa por completo su trabajo en O Último Azul, donde interpreta a Teresa, una mujer de 77 años que se niega a desaparecer.

“Cuando leí el guion, me enamoré de Teresa. Me identifiqué mucho con ella porque soy rebelde, soy independiente, defiendo mi autonomía. Vivo mi vida sin apegarme a nada, y Teresa hace exactamente eso: deja todo y sale a cumplir su deseo. Me dio mucho placer exponer mi cuerpo tal cual es. Es importante mostrarnos como somos y estar felices con lo que tenemos”, explicó.

Un problema real

En la película, el Estado decide enviar a las personas mayores a colonias aisladas bajo el argumento de que ya no son productivas. Sin embargo, para la actriz originaria de Río de Janeiro, la historia no está tan lejos de la realidad.

“La película no es distópica, es real. Es una alerta. Es un llamado a decir: mira, hay otras posibilidades cuan do envejeces. No te quedes en casa lamentándote”, sostuvo.

Desde su perspectiva, el problema no es la edad, sino la forma en la que la sociedad ha reducido el valor de las personas mayores a su capacidad de producir.

“Es muy importante hablar de esto, porque no es porque seas vieja ya no sirves para nada. Eso es lo que el sistema quiere hacernos creer. El sistema no respeta esta etapa de la vida en la que es muy importante para compartir experiencias con los jóvenes. Se está perdiendo esa conexión, y es algo grave”, añadió.

Uno de los elementos más disruptivos de O Último Azul es mostrar a una mujer mayor que desea, que experimenta y que se permite vivir sin culpa. Para Weinberg, esa representación sigue siendo incómoda porque confronta un miedo colectivo.

“No es verdad que la vida se acaba. Cuando envejeces, aparecen otras cosas, incluso más interesantes que cuando tenías 30 años. Yo no volvería a los 30 jamás. Tenemos deseos, tenemos voluntad, autonomía, sabiduría. Es el momento de hacer lo que nos gusta, lo que no hicimos antes porque estábamos ocupados sobreviviendo. Si disfrutas ser mayor, tienes posibilidades infinitas. Es el momento de vivir con gusto”.

Tras su paso por festivales internacionales como la Berlinale, la película brasileña fue aplaudida por las audiencias europeas.

O Último Azul ya se encuentra disponible ahora en cines mexicanos.

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