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En el set de “Mujeres asesinas” no hubo diva ni aires de “ya me la sé”. Durante la grabación de su episodio, dicen que Angélica Rivera sorprendió preguntando a cada rato si su trabajo iba por buen camino. La actriz, acostumbrada a las telenovelas y a un lenguaje muy específico del melodrama, reconocía sin rodeos que podía cargar con vicios actorales que no encajaran con el tono crudo de la serie.
Por eso no dudó en pedir retroalimentación directa a sus compañeros, incluido Alberto Estrella, con quien compartió escena. La actitud cayó bien en el equipo, sobre todo en el encabezado por Lucía Gajá, documentalista de temas sociales que ahora brinca a la ficción con una mirada mucho más contenida. Angélica volvió sin corona y con libreta en mano. Y eso, suma más puntos que cualquier pose.
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¿Un hombre cada semana… ahora con revancha femenina?

El buen arranque de “Un hombre por semana” ya abrió la conversación incómoda: ¿y si ahora toca “Una mujer cada semana”? Tras el estreno, Ana de la Reguera y Marco Polo Constandse admitieron que la idea surgió primero como broma… pero que no la descartan del todo.
La cinta ya ronda los 200 mil asistentes en sus primeros días, así que la tentación existe. Sería, dicen, una especie de espejo o respuesta a la historia original. Y si alguien sabe de comedias románticas con enredos sentimentales, es Constandse, responsable de títulos como “La boda de Valentina” y “Cásese quien pueda”. El título ya está, ahora falta ver si el público aguanta el ritmo semanal.
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Shanik Berman y el cuarto prohibido: cuando el morbo gana al criterio

Shanik Berman volvió al centro de la polémica luego de que se viralizara un video donde presume hospedarse en el mismo cuarto donde murió Liam Payne. El clip detonó enojo inmediato, no solo entre fans del cantante, sino entre usuarios e influencers que cuestionaron el límite entre informar y explotar una tragedia.
En X, Threads y TikTok, el debate escaló rápido: para algunos fue una estrategia desesperada por atención; para otros, una muestra del desgaste ético del espectáculo digital. Al final, la discusión ya no es solo sobre Shanik, sino sobre una práctica cada vez más común: hacer contenido desde el dolor ajeno para rascar clics. Y ahí es donde el escándalo deja de ser personal y se vuelve síntoma.
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