Al leer esto, ¿cómo está sentado? Con respaldo o la espalda al aire, en un lugar alto o bajo, firme o mullido, cómodo o incómodo… Las opciones son variadas y la verdad es que las sillas, aunque pasan desapercibidas en medio de la rutina, son un objeto fundamental en nuestra vida cotidiana. “Creo que es el común denominador de todos, no nos damos cuenta de la incomodidad en la que vivimos”, reflexiona Ana Elena Mallet, especialista en diseño y curadora de la exposición La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, que se presenta en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).

Mallet ha investigado sobre las distintas sillas que se han diseñado en México desde 1940 hasta la actualidad, no sólo a través de los libros, sino también probando cada una de ellas, antes de que las piezas entraran oficialmente a la colección de Diseño Moderno y Contemporáneo en México del MUAC, compuesta en total por 106 objetos. La exhibición de 32 de estas piezas es el resultado de este trabajo, con el que la curadora quiere mostrar al público que el sencillo acto de cómo y dónde nos sentamos también es “un acto cultural” que revela mucho de nuestro contexto (recordemos el revuelo que causó la silla monobloc en la portada del disco DtMF de Bad Bunny, al grado que el MoMA la incluyó en su colección).
“Se ha estudiado muchísimo la historia del arte y hablamos de nuestra identidad por la obra de Frida Kahlo, de Diego Rivera, que nadie tenemos en nuestra casa, pero a las sillas sí tenemos acceso y las sillas reflejan el momento en que vivimos por los materiales, por el ancho o angosto del asiento, por lo que quiere decir confort”, dice Mallet en entrevista.
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Si bien la exposición no tiene un orden cronológico, un punto de partida podría ser el petate, esa especie de tapete hecho de mimbre muy propio de la cultura mexicana que, de acuerdo con la ficha museográfica que abarca la sección “Sentarse como acto cultural”, el objeto hace referencia a cómo se habita el territorio y al contacto directo con la tierra, una herencia indígena que trata sobre el arraigo.
Otro ejemplo de cómo la historia y geografía impacta en las sillas es el concepto de confort, que en el diseño latianomericano se caracteriza por una curva, comenta Mallet, que es herencia de la hamaca y se ve reflejado en modelos como los boutaques, representados en la exposición con los diseños de Josef Albers, la que más trabajo le costó al museo adquirir, y Alejandro Rangel. En ese mismo estilo de silla se puede ver un modelo con patas en forma de tijera, un diseño que llegó al país a través de la Conquista, pues la silla plegable fue una tecnología traída de Europa. “Una silla es el conjunto de decisiones que reflejan un momento”, comenta Mallet.

Por ejemplo se exhibe una silla diseñada por Muebles la Malinche, fábrica de Monterrey fundada en 1909, que se destaca por ser muy estrecha. Casi un siglo después, “con el cambio de alimentación y hábitos de ejercicio”, los cuerpos han cambiado y se requieren asientos más amplios, como el modelo “Fidencio”, creado en esta última década por el diseñador Andrés Lhima, que consiste en un colorido sillón hecho de bolsas de mandado.
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“La cultura material refleja los cambios en una sociedad y hay una parte de la historia de México que no se ha terminado de entender, porque no se analiza la cultura material ni los objetos cotidianos que reflejan los cambios de costumbres e historias en la población. Creo que debe importarnos porque es parte de entender de dónde venimos”, comenta la curadora sobre la relevancia de estudiar el tema.

Estos y más modelos se muestran al público, divididos entre 11 secciones que estableció la curadora, donde se aborda la modernidad con el plástico, la austeridad de las sillas de palo, la traducción de diseños extranjeros al mercado mexicano, como lo hizo Ricardo Legorreta con la silla Windsor, modelos más populares, aquellos usados para espacios sociales como las escuelas y eventos deportivos, hay una banca de jueces de atletismo diseñada para los Juegos Olímpicos de 1968, y variaciones contemporáneas, como el llamado Chac-seat, de Mauricio Lara.

Mallet señala que las sillas son tan importantes, que el arquitecto Mies van der Rohe dijo que este objeto se convierte en una experimentación previa para el arquitecto, antes de adentrarse al diseño de edificio. Y agrega que pese a ser de una dimensión menor, conceptualizar una silla es una tarea compleja.
Al reflexionar sobre si se necesita una silla más, la curadora afirma con contundencia: “Porque las costumbres y los principios han cambiado. Hoy estamos más tiempo en casa, pasamos mucho tiempo no sólo en una oficina, sino frente a una computadora, en las plataformas, viendo televisión, la vida se ha hecho más sedentaria, que no necesariamente implica descanso. Siempre hay resquicios para la innovación”, concluye.
La muestra estará abierta hasta el 11 de octubre.
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gs
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