Un déjà vu. Hace más de una década el tema del fracking se hizo presente como parte de la reforma energética del 2013 durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuyo gobierno buscó impulsar esta técnica para la extracción del gas shale. Doble déjà vu. La propuesta sería respaldada por la inversión privada, mientras las organizaciones ambientalistas subrayaban el impacto negativo de la técnica, como la contaminación de los mantos acuíferos y la sismicidad inducida.

El déjà vu se difumina. Las que se opusieron, hoy están en el poder y se plantea lo mismo, pero se pone a consideración nuevas técnicas de menor impacto ambiental y la soberanía energética. El tablero de ajedrez se mueve de forma inesperada ante la crisis energética. La fractura no es solo hídrica y la revisión es obligada.

El fracking es una técnica para extraer hidrocarburos atrapados en capas de roca poco permeables a gran profundidad. Se perfora un pozo verticalmente y luego de forma horizontal. El proceso básicamente consiste en inyectar agua a muy alta presión (alrededor de 30 millones de litros por pozo), mezclada con productos químicos para fracturar la roca y liberar los combustibles.

Lee también:

Personas participan en una manifestación contra el “fracking sustentable” impulsado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, este viernes en Ciudad de México (México). Crédito: EFE/ Sáshenka Gutiérrez
Personas participan en una manifestación contra el “fracking sustentable” impulsado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, este viernes en Ciudad de México (México). Crédito: EFE/ Sáshenka Gutiérrez

La crisis energética es evidente. El Doctor Luca Ferrari, investigador en el Instituto de Geociencias de la UNAM (Campus Juriquilla) y especialista en geología regional, geodinámica y sistemas energéticos, señala que el sector de hidrocarburos en México enfrenta un proceso geológico y político complejo que implica un incremento de los costos de extracción y una vertiginosa caída en la producción desde hace dos décadas. En la actualidad se producen alrededor de mil 600 millones de barriles diarios (MMbd) de petróleo, menos de la mitad de la producción máxima de hace dos décadas. La tendencia en el gas es similar. Se producen 3 mil 600 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), 35% menos que en el máximo de 2009. La importación del recurso es necesaria por el alto consumo utilizado en la industría y la generación eléctrica.

Avances y retrocesos

El Doctor Ferrari señala que los avances en cuanto a la utilización del fracking podrían ser que se recicla más agua en este tipo de procesos; sin embargo, esto no sucede en todos lados y se trata de procesos costosos. El agua que regresa suele estar altamente contaminada con sales, metales pesados y elementos radiactivos, lo que dificulta su reutilización. Finalmente, aunque se promueve el reciclaje para conservar agua, solo en ciertas regiones se hace efectivo.

Lee también:

Estados Unidos es el país que más utiliza el fracking en el mundo, impulsando más del 75% de su producción de petróleo y gas mediante esta técnica. Hay muchas variantes sobre el reciclaje de agua en su territorio. Por ejemplo, en la Columbia Británica, el agua muy contaminada no se reutiliza y se elimina en pozos, limitando el reciclaje in situ.

Organizaciones civiles han exigido que todas las empresas reutilicen toda el agua residual en lugar de desecharla. Ferarri señala que en algunos lugares, como Oklahoma y Pensilvania, si hay más esta tendencia a reutilizar. El asunto es que siempre hay agua contaminada que se debe reinyectar. La recarga tóxica de los mantos acuíferos quizá tenga su representación más evidente en los llamados "pozos zombi", pozos de petróleo y gas abandonados que tras un sellado deficiente filtran materiales tóxicos. Principalmente en Texas, estos pozos representan un alto riesgo ambiental y financiero, con un reporte reciente de alrededor del 50% en filtraciones.

Precisamente en Oklahoma, según un estudio publicado en la revista Science hace algunos años, se evidenciaba otro de los problemas de esta técnica: el aumento de la actividad sísmica. Oklahoma experimentaba aproximadamente un terremoto perceptible al año antes de la intensificación del fracking en su territorio. Para 2014, esa cifra se había disparado a casi uno diario y hoy las cifras siguen en aumento. Esto no solo sucede en Oklahoma, los científicos han documentado un fuerte aumento de la actividad sísmica a nivel regional, en el centro y este de Estados Unidos, vinculándolo con las aguas residuales que se inyectan en el subsuelo debido a la creciente producción de petróleo y gas.

Por otra parte, la literatura científica, y de manera específica, los miles de estudios que respaldan al compendio periodico de la Asociación de Médicos por la Responsabilidad Social de Estados Unidos (Physicians for Social Responsability) documentan impactos no solo por contaminación y afectación del ciclo hidrológico, sino en la calidad del aire por liberación de compuestos orgánicos volátiles con reportes de cánceres, asma, enfermedades respiratorias, erupciones cutáneas y problemas cardíacos, entre otros.

Aunque son muchas las variables, el problema del gasto del agua, parecería seguir colocándose en el primer lugar de la lista. Si bien es cierto que a lo largo de dos décadas se ha tratado de reducir el consumo de agua, probando además otras técnicas para limitar su uso, como fracturamiento con espuma o gas licuado, e incluso mediante el uso de biopolímeros, la producción real con alternativas de un menor impacto ambiental aún está más en el terreno de las buenas intenciones que en el de las realidades.

El doctor Ferrari señala que muchas de las técnicas alternativas de las que se habla para disminuir el impacto ambiental del fracking, en realidad son solo experimentos pilotos con pruebas a nivel laboratorio y, por ejemplo, no habría la posibilidad de producir productos biodegradables para los niveles necesarios de explotación de hidrocarburos que se requieren, "además lo biodegradable no es necesariamente no tóxico, tal como el detergente que se anuncia como tal", ejemplifica.

Todas las técnicas son caras y el fracking siempre ha estado en el límite de los presupuestos. "Podemos decir que se recicla un poco más de agua que hace veinte años, pero eso no significa que no haya un impacto", enfatiza quien hace más de veinte años investiga puntualmente al tema de la producción de hidrocarburos y las implicaciones para el futuro de la energía y la economía.

"Las técnicas para el llamado fracking no convencional son tres o cuatro veces más caras y se puede revertir el impacto ambiental, solo mínimamente", La estrategia del gobierno, ligada al Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, busca incrementar la producción de gas a 8 mil 310 millones de pies cúbicos diarios. La cantidad de gas que se planearía obtener por fracking representaría solo alrededor del 6% del consumo y con costos exorbitantes. "Se tiene planeado para 2035 disminuir importación, pero esto implicaría incrementar la producción de miles y miles de pozos, más que los que se han perforado en toda nuestra historia. Significaría aumentar la perforación y los costos, pero sin que haya una capacidad técnica. Los únicos que poseen esta capacidad, son los texanos que habitan del otro lado del Río Bravo. Se necesitaría conectar esta capacidad con la Cuenca de Burgos, donde no hay infraestructura", señala Ferrari.

La Cuenca de Burgos es la reserva de gas natural no asociado más importante de México, localizada en el noreste del país (Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila) y extendiéndose hacia el Golfo de México. Con una superficie de unos 50 mil kilómetros cuadrados, es clave para la producción energética nacional, pero el experto señala que la extracción funciona como una solución temporal de diez años, pero cuestiona cómo se solucionaría esto a largo plazo.

Por otra parte, el Doctor Adrian Pedrozo Acuña, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM y experto en seguridad hídrica, señala que en el contexto de la crisis energética global, la estrategia más importante para México no debería ser “fracking sí o no” en términos absolutos, sino una estrategia de seguridad energética con transición ambiental acelerada. "En otras palabras: usar el gas como recurso puente de corto plazo, pero sin comprometer agua y medio ambiente en el largo plazo".

Agrega que hoy el debate es especialmente relevante porque el gobierno federal ha reabierto la discusión sobre el fracking para reducir la fuerte dependencia del gas importado de nuestro vecino del norte, que ronda alrededor del 75% del consumo nacional. "México necesita seguridad energética y en el contexto global actual depender de Estados Unidos, impone riesgos a la economía. Entonces, necesitamos definir las prioridades bajo un lente de soberanía nacional, pero cuidando el medio ambiente. Así, podemos usar parte de los recursos de gas no convencional que tenemos, para garantizar soberanía energética en el corto plazo, en otras palabras, reducir la vulnerabilidad externa debido a las tensiones geopolíticas, las variaciones de precio y las interrupciones de suministro".

Revisión puntual

Pedrozo Acuña señala que el gas es un recurso estratégico para la generación eléctrica, la industria, la fabricación de fertilizantes y la manufactura, pero en nuestro país, ese desarrollo con base en el gas no convencional tiene un contexto local climático muy complejo que se debe revisar. "Me atrevería a decir que el factor más crítico en nuestro país es el agua (para mi el punto ambiental más importante de todos). Cada pozo puede requiere más o menos 36 millones de litros de agua y nuestras principales zonas con potencial de gas no convencional están en estados del norte con clima árido y un alto estrés hídrico: Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas (salvo Veracruz)".

Para el experto en sustentabilidad hídrica, si queremos avanzar con una estrategia de aprovechamiento del gas se debe de considerar la demanda hídrica que se requiere para el número de pozos que se desea instalar. Evaluando la demanda de agua de estos proyectos respecto al estado del almacenamientos de agua subterránea, los otros usos de agua instalados en el territorio y la variación en las condiciones climáticas por la presencia de sequía severa en el territorio nacional.

"Si queremos desarrollar el gas no convencional, México requiere una regulación mucho más estricta de lo que existe actualmente y que desde ya se debería de estar trabajando.

Por ejemplo, regular todo lo relativo a monitoreo de fugas de metano, tratamiento de aguas residuales para aguas hipersalinas que se generan como resultado del fracking, normas específicas para el aprovechamiento de agua subterránea y la protección de acuíferos, monitoreo de consumos de agua por pozo con bases de datos abiertas como ocurre en Estados Unidos, programa de monitoreo de micro-sismicidad inducida y en aquellos casos donde se requiera consulta pública comunitaria sobre cada proyecto, similar a lo que se hace en la ley minera reformada en 2023".

Para Pedrozo, si se decide utilizar el gas no convencional en México que sea puente temporal, y nunca a costa del agua. "En México, el verdadero equilibrio lo suman: seguridad energética, seguridad hídrica y descarbonización. El cuello de botella es hidrológico y de cuidado al medio ambiente con los residuos". Se ha formado un comité científico para analizar la viabilidad técnica y ambiental del fracking con un informe final esperado para mediados de 2026 con muchas consideraciones pendientes que quizá rebasen la capacidad del ojo puramente científico.

Luca Ferrari señala que las alternativas están en dos vertientes. Por una parte, se trata de sustituir parte del consumo de gas por fuentes renovables. "Solo el 22% de la electricidad se produce con energía renovable. Por otro lado, nuestro problema fundamental es el alto consumo principalmente por una industria exportadora. El modelo de los últimos cuarenta años ha sido convertirnos en una pequeña China. La industría automovilística exporta 85% de bienes para esta industría, generada con mano de obra barata. Ahora que se está discutiendo el TLCAN, las consideraciones también tendrían que ser cómo nos quedamos con los altos impactos ambientales y déficit de energía".

Para Ferarri una manera de importar menos gas es consumir menos. "Finalmente la crisis energética nos hace ver la fragilidad de este sistema globalizado. Si bien es cierto que las cosas se complican aún más con un vecino que presiona y con la llegada de Trump a EU, el diseño de políticas debe ser transexenal".

El investigador subraya que otra realidad es que cuando se pone en juego la materia prima que gobierna la economía, tal pareciera que el medio ambiente no es tan importante: la crisis energética le quita terreno a la climática y tal pareciera que son lujos que no podemos permitirnos. Así se recrudecen los escenarios, pero ahora es algo que se puede hablar abiertamente y estamos de frente a una realidad: el crecimiento infinito es una falacia, las materias primas y la ecología que las sustenta tiene un límite. Todo tiene un límite".

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses

[Publicidad]