En las sedes del abundan las : desde aquellas que exhiben objetos de colección, hasta las que fusionan este deporte con el arte y la artesanía. Pero sólo hay una cuyas piezas fueron realizadas por un futbolista profesional en equipo con un artista. Se trata de El que la cambia la falla, en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ) (Guadalajara), donde el artista Mario García Torres (Monclova, 1975) juega y colabora con el emblemático portero Jorge Campos (Acapulco, 1966).

“No es una exposición de Jorge Campos, es una exposición hecha con Jorge Campos”, afirma el artista en entrevista.

Hacer una exposición de futbol no era algo que García Torres tenía planeado. Para el artista mexicano —creador de los virales premios de arte Gorrita Azul— el arte en sí es su principal tema de trabajo, particularmente la historia de éste y sus huecos. Su práctica de arte conceptual lo ha llevado a exhibir en museos como el Tamayo, Jumex, Marco (Monterrey), Nacional de Arte Reina Sofía (Madrid), bienales como la de Venecia, Sao Paulo y Sharjah, y sus obras artísticas forman parte de importantes colecciones como la del MUAC, el MoMA (Nueva York) y la Tate Modern (Londres). Los deportes no eran parte de su horizonte de investigación y mucho menos el futbol.

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Mario García Torres creó una serie de pinturas, papel tapiz y arte textil
inspirado en el icónico uniforme de portero de Jorge Campos. Foto: Museo de Arte de Zapopan (MAZ)
Mario García Torres creó una serie de pinturas, papel tapiz y arte textil inspirado en el icónico uniforme de portero de Jorge Campos. Foto: Museo de Arte de Zapopan (MAZ)

“Nunca he sido tan fan del futbol, no soy pambolero, fui muy malo para los deportes y durante los primeros 40 años de mi vida no tenía nada que ver con los deportes, excepto el beisbol, que era el único que había en mi ciudad natal”, se confiesa García Torres.

El artista explica que fue una serie de coincidencias las que lo llevaron a compartir una mesa con Jorge Campos. Esa casualidad llegó en un momento apropiado para el artista, quien reconoce que se encuentra en una etapa en la que quiere hacer proyectos sin tanta planeación, sino de forma natural y espontánea, impulsado principalmente por la necesidad de sostener otro tipo de conversaciones en el mundo del arte.

“Después de 20 años de trabajar en las artes visuales, las conversaciones son muy similares, estamos hablando con gente que sabemos que piensa lo mismo que nosotros, en diferentes niveles, pero estamos en esa misma discusión. Hay cosas que ya no se tienen que decir, y creo que cada vez me entusiasma más tener esas conversaciones de cero. Llega el momento en donde las cosas que uno dice en el mundo del arte no tienen ni un significado en otro lado”, reflexiona.

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Jorge Campos cambió de posición y tomó el lugar de delantero para anotar. Foto: Museo de Arte de Zapopan (MAZ)
Jorge Campos cambió de posición y tomó el lugar de delantero para anotar. Foto: Museo de Arte de Zapopan (MAZ)

El factor Campos

Durante esa convivencia, García Torres cuenta que pudo conocer a un Jorge Campos más allá de la figura de ídolo.

“Además de ser un tipo muy simpático, había una parte creativa de su lado que fue lo que me llevó a pensar que se podía convertir en un proyecto”, señala el artista.

Una serie de pláticas resultaron en dos cuerpos de obra que se mostrarán hasta el 6 de septiembre.

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En cuanto a la formación de la “escuadra”, la posición de García Torres fue aportar el léxico del arte, mientras que la de Campos fue un trabajo más físico.

El primer cuerpo de obra consiste en una serie de canvas casi totalmente blancos, a excepción de la marca de balón que imprimió Campos a base de patadas, la antítesis de su lugar como portero. “Lo puse a tirar balonazos contra unas telas, y ese balón que él pateaba tenía pintura que yo había puesto, entonces medio que yo le hacía un servicio y él tiraba la pelota contra la tela”, cuenta el artista sobre el proceso, el cual se podrá observar en videos que se proyectan en el museo.

Esa serie de pinturas se inspiran en el momento de los penales, instante que considera es donde surge toda la individualidad del portero y del futbolista, así como su creatividad pura para tomar desiciones. Para García Torres, este instante es similar al que enfrenta el artista ante el canvas.

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“Tratamos de hacer algunas piezas que son referentes a un momento de su carrera, un gol de 1996 que era muy importante. Le dije ‘trata de poner la pelota ahí en ese lugar porque corresponde proporcionalmente a la portería’. Pero creo que lo más importante de esa serie es que son impresiones que hablan del momento en el que estábamos: desde el clima, el humor, la pateada, el cuerpo de Campos. Todas esas cosas arbitrarias terminan impregnadas”, detalla.

El otro cuerpo de obra son las pinturas, el textil y el papel tapiz que García Torres hizo a partir de los icónicos uniformes de Jorge Campos, quien fue el creador de su original estilo.

“Hay una parte de Jorge Campos que me parece increíblemente deliciosa y se refleja en que juega futbol de una manera distinta a los demás porque pareciera que él está de vacaciones. Hay una parte de esa transparencia y de esa ligereza que se refleja en las conversaciones sobre cómo traeríamos sus ideas y su cuerpo al museo”, dice García sobre cómo fue trabajar con el futbolista.

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Con este proyecto, García Torres buscaba proponer una forma distinta de ver al futbol. Algo que él ha logrado pese a su anterior distancia con el deporte: “Es la inspiración la que hace que un jugador juegue mejor un día que otro. Creo que de eso hablo, de cómo llegar a eso. La habilidad cuenta mucho y el entrenamiento, pero realmente lo que hace que un día algo mágico suceda es la inspiración”.

Ahora el artista reconoce, con un poco de pesar, que está emocionado por el Mundial de Futbol.

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