Batman, el Caballero de la noche (2008), narración de la lucha contra el crimen organizado en un mundo en crisis, con el Joker de Heath Ledger como un nuevo tipo de villano, caótico y posmoderno. Con un reparto de lujo. Christian Bale es Batman y Gary Oldman es el teniente James Gordon

Interestelar (2014) una novela de ciencia ficción filmada que augura el fin del planeta tierra, e ilustra los enigmas temporales y los peligros de los viajes espaciales. Vale la pena verla dos veces, como se relee un buen libro. Con , , y .

Dunkerque (2017) la estética de la guerra por tierra, mar y aire, casi sin diálogos, Los espectadores se ven colocados en las playas con las tropas inglesas y francesas bombardeadas por los alemanes, y los acompañan en su evacuación utilizando distintos tipos de embarcaciones, aviones de la época y seis mil extras.

Oppenheimer (2023) con el notable Cillian Murphy. Tuvo siete nominaciones a los óscares. El recuento de la vida de un científico que tenía una visión amplia y un poco sombría de la historia del mundo, el complejo proceso de construcción de la primera bomba atómica y el agobio final del científico por las implicaciones destructoras de las armas nucleares.

Y, claro, la Odisea (2026). Un regreso al gran formato de los filmes de Hollywood, pero sin que el director ceda la iniciativa a algún productor, ya que también escribió el guion. Para ello, consultó distintas traducciones del libro de Homero. Con su esposa, consiguieron los 250 millones de dólares para financiar la película con tecnología IMAX en 70 mm. Fue filmada en siete países, Marruecos, Grecia, Italia, Islandia, Escocia, Malta y terminada en los estudios Universal de Los Ángeles. Dura casi tres horas.

Asistimos a una fantasía épica que revisa el texto original, de cerca de tres mil años de antigüedad y también las anteriores versiones cinematográficas. Destaco las imágenes de los barcos de los aqueos (“de azulada proa” dice el libro), con 25 pares de remos que cruzan un mar a veces amenazador, que en el atardecer adopta el color del vino, escribe Homero, no rojo sino un color más profundo, casi violeta. Una cueva en la que habita un monstruoso Cíclope, hijo de Neptuno, bosques que esconden agresivos gigantes armados, y un acantilado en el que habitaba una criatura de seis cabezas capaz de arrancar a los marineros de sus embarcaciones.

Como sabemos, el final de la guerra de Troya, caballo y todo, no está en La Ilíada, sino en la Odisea, y por ello aparece en la película. El caballo que dejan esta vez los aqueos en la playa tiene un diseño distinto de las anteriores películas, que presentaban un caballo de madera con ruedas, Aquí parece más bien una gran escultura griega, que además cuesta mucho más trabajo arrastrarlo hasta la ciudad.

Anne Hathaway es la prudente Penélope, una digna reina que mantiene el control de una situación casi imposible. Tom Holland (el moderno Spider Man) como Telémaco, es un personaje relevante en la historia, con mucho tiempo de pantalla, incluso visita Esparta y conoce a Menelao y a Helena. John Leguizamo es el pastor ciego leal su patrón hasta el final; Charlize Theron aparece como la ninfa Calipso, un poco desperdiciada. Lupita Nyong’o es una Helena poco ortodoxa, con una cicatriz en el rostro y escenas muy breves. Robert Pattinson es Antinoo, el sagaz villano entre los 108 pretendientes de la reina en la isla que Ulises ha dejado durante veinte años. Samantha Morton es Circe, una especie de bruja feminista que convierte a los marinos en cerdos argumentando que es lo que realmente son los hombres.

En la película Troya (2004 con Brad Pitt y Eric Bana) el Ulises de Sean Bean se parece más a mi idea del personaje astuto y precavido (“fecundo en ardides”, dice el texto clásico), mientras que Damon es más un soldado valiente capaz de superar cualquier prueba, un sobreviviente poco carismático. No me olvido tampoco de Kirk Douglas en la versión de 1954, tal vez con una mejor presencia.

La figura del Rey Agamenón irradia autoridad, con una armadura negra que nos recuerda al Batman de la serie de Nolan; o tal vez una especie de Darth Vader, como lo ve la reseña del New York Times.

Parte central de la obra es la visita al mundo de los muertos, Para los griegos no había cielo ni infierno. Las almas de los muertos iban a dar a mundo subterráneo cubierto por una noche eterna, en la que vagan las almas como sombras. La ninfa Calpso, al dejar ir a Ulises de regreso a su casa, le revela como llegar al hades y hacer los sacrificios necesarios para llamar a los muertos. Entre ellos, Ulises encuentra a Agamenón con su armadura, quien le narra cómo fue asesinado por su esposa al regresar a su palacio y al profeta Tiresias, quien le revela su destino. Pero también se encuentra con las almas de sus compañeros muertos en la batalla que le reclaman que no fueron propiamente enterrados y llorados, hasta perseguirlo fuera del hades.

Los dioses que en la historia original son parte esencial de la trama, aquí casi no figuran, salvo Zendaya como Atenea (“la de los ojos de lechuza”, dice el texto), que acompaña a Ulises y a su hijo, y veces los aconseja. Pero es más una observadora que una influencia decisiva influya en la historia.

The New Yorker observó que este Ulises es en realidad un héroe moderno. No veo otra salida. Lo único que se puede hacer para acercarse a un héroe de la edad del bronce es incluir en el guion partes seleccionadas del texto homérico sobre el honor de los guerreros, los sacrificios, las venganzas de los dioses, el irrevocable destino del héroe, y las reglas de hospitalidad que imperaban en la Grecia antigua. Todo sin que la película se convierta en una obra de teatro clásico.

¿Por qué Odiseo tarda tanto en regresar? Existe la posibilidad de que una década de guerra y violencia hayan afectado su estabilidad emocional y hasta su memoria, como a los soldados que regresaron de la Primera Guerra Mundial o de Vietnam. Al final de su largo vieja, la ninfa Charlize Teron-Calypso, que nunca envejece, le ofrece la vida eterna con ella. Pero habiendo recobrado la memoria, Ulises prefiere regresar a su patria con su esposa y eventualmente morir junto ella.

Una nota sobre el contexto histórico de la Odisea

Hacia el fin de la era de Bronce en la segunda mitad del Siglo XII AC, las principales ciudades del Mediterráneo Oriental fueron incendiadas y abandonadas: la Micenas de Agamenón, Pilos en Grecia, Cnosos en Creta, cuyas ruinas parecen un laberinto, y el en la actual Turquía. Las invasiones han sido atribuidas a unos poco estudiados “pueblos del mar” que incluso atacaron el norte de Egipto sin vencerlo.

En esa misma época, Troya (o una de las ciudades de sus distintas edades) fue destruida e incendiada, sin que se pueda demostrar con vestigios arqueológicos que los invasores fueran los aqueos de la Ilíada o algún otro grupo de invasores. Esto viene a cuento en la reseña de una película porque varias veces en Odiseo se dice que Ítaca esta en peligro por no tener un rey que organice un ejército para defenderse de esos “pueblos del mar”.

Más complicado aún. Al final de la película, Ulises le dice a Penélope que los mismos aqueos que invadieron Troya eran “pueblos del mar”, lo cual no coincide con la idea que se han hecho los historiadores de esos pueblos, que pudieron haber provenido de distintos lugares del Mediterráneo. Es claro que Chris Nolan conoce la historia de esas invasiones, lo suficiente como para incluirla en su película, tal vez con la intención de precisar el contexto histórico de las dos obras homéricas.

Matt Damon-Odiseo queda así como un héroe totalmente consciente de la época en la que vive, que sabe que se está terminando la era de bronce, y nos da una clase gratis de historia antigua por el mismo costo del boleto. Curioso asunto.

En todo caso, me parece relevante la forma en que Nolan termina su Odisea, presentando a Ulises como arrepentido de la destrucción que causó en la guerra, pero especialmente por haber encontrado en su visita al Hades las sombras de los guerreros que no recibieron los debidos ritos y sepulturas, y que terminan persiguiéndolo. Tiene una deuda con ellos, y decide pagarla.

De ahí la necesidad de embarcarse, esta vez con todo y su reina, hacia el Occidente, lo cual no está en el poema original. ¡A dónde van? No se dice. Parecería una misión de penitencia, después de renunciar al poder y dejarlo a su hijo Telémaco, como hacían los vaqueros en el cine de John Houston, que abandonaban todo y cabalgaban hacia el atardecer.

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