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ariel.velazquez@eluniversal.com.mx
En los primeros días del automovilismo deportivo, las pistas de carreras fungieron como terreno donde se desarrollaron frenos, amortiguadores, cinturones de seguridad y otos elementos que hoy en día usan los autos de calle.
Por mucho tiempo, la Fórmula Uno fue el labotario que sirvió para experimentar las mejoras que podían hacerse a los vehículos.
A pesar de su enorme popularidad, la máxima categoría ya no produce muchas innovaciones. Ese lugar de vanguardia ahora le corresponde a la Fórmula E, el serial que por cuarto año consecutivo visita nuesto país con cambios progresivos que hacen parecer que el primer campeonato que se disputó forma parte del antiguo testamento.
A diferencia de los años anteriores, este día en el e-Prix de la Ciudad de México el público apreciará una carrera sin paradas. Los monoplazas cuentan con baterías que soportan la competencia completa (45 minutos y una vuelta).
Con tan sólo 50 kilos de más en el peso del monoplaza, por la nueva pila eléctica, los autos de segunda generación de la Fórmula E no sólo obtienen la autonomía para cruzar la meta, sino también un aumento de 55 kilómetros por hora en la velocidad tope.
La Fórmula E dejó de ser hazmerreír, para ser presente y futuro del automovilismo deportivo.
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