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El fracaso del Real Madrid
en el estadio de Son Moix ante el recién ascendido Mallorca aupó al Barcelona al liderato de LaLiga Santander, al que emergió casi antes de lo previsto para llevar a la competición al estado habitual de las últimas temporadas.
El Mallorca, al que le bastó con el entusiasmo, el orden y el acierto puntual con el gol tempranero de Lago Junior, devolvió al Real Madrid a la realidad. Su dominio en la clasificación era ficticio. Propiciado más por los errores ajenos que por los méritos y la imagen atesorados.
Zinedine Zidane, obligado por las lesiones y las urgencias del martes en la Liga de Campeones, recurrió al plan B que tiempo atrás le dio una Liga. Nada que ver.
La fiabilidad de aquél plantel que le llevó al último éxito en la competición ya no existe. Y el Real Madrid fue sometido por un adversario con objetivos opuestos pero que encontró argumentos suficientes para propinar la primera derrota blanca en el torneo.
Pudo ser en cualquier otro partido de los ocho disputados anteriormente. Pero sufrió su primera derrota en Mallorca, a la novena. En vísperas de su duelo a todo o nada en Estambul.
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