Antes de apagar la luz y dar por terminado el día, millones de personas repiten un gesto automático frente al espejo. El cepillado nocturno suele asumirse como una rutina cumplida, pero pequeños errores en ese momento clave pueden afectar de forma silenciosa la salud de dientes y encías.
Especialistas advierten que no basta con cepillarse y hacerlo mal, con prisa o en el momento equivocado, puede provocar daños que se acumulan con el tiempo. Durante la noche, la boca entra en una etapa vulnerable. La producción de saliva disminuye, lo que facilita la proliferación de bacterias y la formación de placa.
De acuerdo con expertos de instituciones internacionales como la Clínica Mayo y Cleveland Clinic, esta es la razón por la que el cepillado antes de dormir cumple un papel decisivo en la prevención de caries, enfermedades de las encías y desgaste del esmalte, incluso más que el cepillado matutino.
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El cepillado nocturno, más decisivo de lo que parece
Uno de los errores más frecuentes ocurre cuando el cepillado se hace con exceso de fuerza o de manera inmediata tras consumir alimentos o bebidas ácidas. En esos casos, el esmalte se encuentra temporalmente más vulnerable y la fricción puede acelerar su desgaste.
La Clínica Mayo recomienda esperar al menos una hora antes de cepillar los dientes si se han ingerido cítricos, refrescos o café, una práctica común en la rutina nocturna. También es habitual reducir el tiempo de cepillado o realizar movimientos bruscos y horizontales.
Aunque parezca inofensivo, este hábito puede generar retracción de encías y sensibilidad dental. Los expertos coinciden en que la limpieza debe durar al menos dos minutos y realizarse con movimientos suaves y controlados.
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La técnica también protege el esmalte
Un cepillado adecuado implica más que recorrer rápidamente los dientes. La técnica recomendada consiste en inclinar el cepillo a 45 grados hacia la línea de la encía y realizar movimientos cortos, de barrido y vibratorios, desde la encía hacia el diente. Esta forma de limpieza permite eliminar la placa sin dañar los tejidos.
El tipo de cepillo también influye. Las cerdas suaves son las más recomendadas para evitar lesiones en encías y esmalte.
Cleveland Clinic respalda el uso de cepillos eléctricos, especialmente en personas que tienden a ejercer demasiada presión o tienen dificultades para mantener un ritmo constante, ya que muchos incorporan sensores que alertan cuando la fuerza es excesiva.
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La limpieza no termina con el cepillo. Omitir el uso de hilo dental en la noche deja sin limpiar zonas donde el cepillo no llega. Según especialistas de Cleveland Clinic, esta omisión puede permitir que una parte significativa de la placa permanezca entre los dientes, favoreciendo la aparición de caries y problemas gingivales.
Más allá del cepillo
La pasta de dientes cumple un rol clave en la protección nocturna. La Clínica Mayo recomienda el uso de pastas con flúor, ya que fortalecen el esmalte y reducen el riesgo de caries. Un error común es enjuagarse con abundante agua inmediatamente después del cepillado, lo que reduce el tiempo de acción del flúor sobre los dientes.
La hidratación y la saliva también actúan como defensas naturales. Beber agua ayuda a equilibrar el pH de la boca y a eliminar restos de alimentos, mientras que la saliva neutraliza ácidos de forma natural. Por el contrario, el uso excesivo de enjuagues bucales ácidos puede resultar contraproducente si reemplaza la limpieza mecánica.
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Los hábitos diarios, como el consumo frecuente de bebidas azucaradas, café o alimentos ácidos, incrementan el riesgo de erosión dental, especialmente cuando se prolongan durante la noche.
Frente a este panorama, los chequeos periódicos con el odontólogo siguen siendo una herramienta clave de prevención. Detectar a tiempo problemas que no son visibles y ajustar la técnica de higiene puede marcar la diferencia entre una sonrisa saludable y daños irreversibles.
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