Con no cumplir la obligación fundamental de cualquier gobierno, de proteger la integridad de sus ciudadanos, el Estado adquiere la responsabilidad de lo sucedido

Gracias a esa diplomacia sigilosa, Trump nunca habló de México como el estado 52 de la Unión. Tampoco faltó el respeto al país, a sus símbolos y a su historia

La respuesta del gobierno no solo es errática, es indecente. Porque no están defendiendo una postura técnica, están defendiendo una posición política