A principios del siglo XX el carbón vegetal era el combustible más utilizado en los hogares capitalinos para cocinar. A mediados del siglo pasado se difundió la venta de estufas de petróleo y gas, con lo que se redujo considerablemente su demanda. Hoy, las carbonerías son escasas y el uso de carbón se reduce al comercio.

Estas composiciones rítmicas o calaveritas literarias, son clásicas entre los mexicanos en la época de día de muertos. En la etapa colonial fueron prohibidas e incluso calificadas como “irrespetuosas”. Son versos que describen a personaje quienes, muchas veces, entablan diálogos cómicos con la misma muerte

Cada año miles de feligreses se reúnen a las afueras del Templo de San Hipólito. Este recinto religioso fue construido por encargo de Hernán Cortés en honor de los españoles que murieron en la Noche Triste y en la actualidad quienes lo visitan, cada 28 de octubre, lo hacen para celebrar a su patrono San Judas Tadeo

El ritmo acelerado de los capitalinos favorece el consumo de productos procesados en los supermercados y disminuye la clientela de quienes muelen los ingredientes para elaborar harinas para tamales o todo tipo de moles. Antes las mujeres hacían fila en estos molinos desde las 5 de la mañana; hoy ya no. A decir de estos molenderos, se pierde la tradición de hacer mole.

Los automóviles evolucionan en conjunto con la sociedad a la que sirven; se adaptan a las necesidades de la actualidad y muchas veces desaparecen en el camino. Sin embargo, hay modelos que a pesar del tiempo se mantienen vivos en museos y en las colecciones de los aficionados a los motores.

Todos alguna vez hemos visto a algún vendedor de gelatinas fuera de los hospitales, mercados e iglesias con su simpático carrito de cristal que resguarda a tímidos y temblorosos postres de distintos sabores y colores; sin embargo, pareciera que estos personajes de a pie comienzan a perderse entre el bullicio citadino

A finales de los años 60, surgió en las calles de la ciudad una peculiar forma de transporte colectivo: las famosas “lanchas” también conocidos como “peseros” ya que su tarifa solía ser de un peso de aquellos años. Autos grandes de cuatro puertas hacían de taxis colectivos sobre Reforma.