Las porterías de edificios y conjuntos residenciales se convirtieron en puestos de comando improvisados de decenas de ciudadanos que, armados con cuchillos, bates y machetes, se alistaron para repeler supuestas hordas de encapuchados que robaban la ciudad

Elementos de espionaje del Estado mexicano siguieron al novelista a reuniones de escritores, tertulias literarias, manifestaciones políticas, así como interceptó cada carta y manifiesto que el escritor firmó en apoyo a la liberación de los presos políticos por el movimiento estudiantil de 1968