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Unos esperaron desde las 10 de la mañana, otro llegaron las doce, todos con la misma pregunta "a qué hora van a salir?", ¿a qué hora van a ver a su Tricolor ?
Gente rodea el hotel dónde se hospeda México, aquí en Rostov, empiezan a llegar con sus camisetas, sus sombreros de charros, con mucha esperanza de ver a alguien, pero no, ni Marco Fabián, ni Rafa Márquez, menos el ' Chicharito ', hasta que alguien los despierta de su realidad, no los verán hasta las 18 cuando salga al entrenamiento.
Algunos aguantan, otros se van, pero los realmente fieles se llevan el mejor premio.
Al regresar de la práctica es cuándo comienza la serenata, canciones de todo tipo, desde las que cantaba y componía José Alfredo Jiménez, hasta las del revivido Luis Miguel.
El canto es fuerte tanto que provocan que el deseo se cumpla: los seleccionados salen, salen a cantar, algunos como Marco Fabián y Héctor Herrera bailan, unos minutos de concordia y paz, de relacionarse con los que los hacen ídolos, hasta que aparece la voz del capitán.
Rafa
habla: "Gracias por esto, por estas muestras de cariño, son grandes, pero tenemos que descansar, ustedes para que mañana nos vengan a apoyar y nosotros para tratar de darles más alegrías. Gracias".
Y así acaban los minutos de magia, de la noche en que México tomó Rostov.
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