Esta columna lleva el nombre de dos mujeres que buscaron a su hijo y a su hermano, sin importar que pusieran en riesgo su propia vida. Ambas historias son desgarradoras. Ambos casos se desarrollan ante el abandono absoluto de las autoridades.

Cecilia García tenía apenas 23 años cuando empezó a buscar a su hermano. Miguel Ángel desapareció en marzo de 2021 en Valtierra, Salamanca y su cuerpo fue hallado en 2025, en los límites de Irapuato y Silao, Guanajuato.

Lejos de alejarse del colectivo al que se había unido, Ceci siguió participando en las jornadas de búsqueda. El pasado 14 de marzo fue sustraída de su domicilio y fue encontrada sin vida cinco días después.

La otra historia corresponde a Cecilia Flores. Su hijo José Guadalupe desapareció en 2015 en los Mochis, Sinaloa. Y sí, hay otro dolor más grande que tener a un hijo desaparecido: que un segundo hijo corra con la misma suerte. Marco Antonio desapareció en mayo de 2019, en Bahía de Kino, Sonora.

Sus esfuerzos han sido sobrehumanos. Al frente del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, Cecilia confrontó al presidente López Obrador. Le demandó que asumiera su responsabilidad con las mujeres buscadoras. Día tras día buscó los restos de sus dos hijos y apoyó a otras personas en las mismas condiciones.

Hace una semana, Ceci recibió la prueba de ADN que confirmó la identidad de su hijo Marco Antonio. Ahora, sigue en busca de su segundo hijo.

Estas son solo dos historias de mujeres en la búsqueda más dolorosa que la imaginación permite concebir. Hay miles de historias más. En México hay 132 mil personas desaparecidas, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

El especialista en derechos humanos, Jacobo Dayán, advierte que las cifras oficiales ocultan una crisis profunda, debido a que los datos son presentados por las fiscalías de los estados, lo que pone en duda dicha información. Además, de que excluyen del registro a víctimas sin carpeta.

Ante esta crisis nacional, el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada solicitó que se remita a la Asamblea General la situación de desapariciones en México debido a que hay indicios fundados de que se han cometido desapariciones forzadas que podrían equivaler a crímenes de lesa humanidad. En respuesta, la presidenta Sheinbaum descalificó al comité argumentando que no pertenece a la ONU y que su información corresponde solo a cuatro estados.

A los gobiernos de Morena, que se dicen de izquierda, los caracteriza la indolencia y el abandono a las familias que buscan a sus seres queridos. Desmantelaron el Centro Nacional de Identificación Humana, que ayudaba a la identificación de restos. La presidenta no ha recibido a madres buscadoras. No reconoce que las desapariciones van en aumento en su administración. No admiten que hay gobiernos de Morena en los que abundan personajes como Hernán Bermúdez, ex secretario de seguridad pública de Tabasco, acusado ya de desaparición forzada. No reconoce la omisión del Estado.

Como diría Jacobo Dayán quieren desaparecer a los desaparecidos.

Comentario final

Y hablando de Hernán Bermúdez, semana veintisiete: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

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