En un discurso magistral, el más destacado del Foro Mundial de Davos, Suiza, el primer ministro de Canadá, Mark Carney fue contundente: “Las potencias intermedias deben actuar juntas porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.

En una frase, el líder mundial resumió la importancia de la presencia y la participación de naciones no tan poderosas en, lo que llamó, la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y el comienzo de una realidad brutal.

En varias partes del mundo celebraron su mensaje. México no fue la excepción. La presidenta Claudia Sheinbaum elogió las palabras del primer ministro canadiense. Bien por el reconocimiento de la mandataria mexicana, mal que lo haya hecho desde Palacio Nacional. Lamentable que como gobernante de nuestro país no haya asistido al foro al que habían confirmado jefes de Estado del mundo, incluidos, Donald Trump y Mark Carney. Es el lugar en el que los líderes mundiales discuten los desafíos globales más apremiantes.

La representación de México se limitó a la asistencia de la secretaria de Medio Ambiente. En un momento en el que se está redefiniendo el nuevo orden internacional, no fueron convidados los titulares de Economía, Marcelo Ebrard; de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente ni de Hacienda, Édgar Amador Zamora.

En los gobiernos morenistas, México ha perdido aún más su liderazgo internacional. La presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió a desarrollar una política exterior con los principios constitucionales de la libre autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de controversias. Este compromiso se ha traducido en la carencia de una agenda proactiva, en quedarse inertes y no levantar la voz cuando se violentan derechos humanos de ciudadanos. Nos destina a la ausencia global.

Como representante de una economía abierta, la presidenta Sheinbaum tiene la oportunidad de enfocarse en una agenda dinámica. En un diálogo que ponga sobre la mesa el futuro del multilateralismo comercial; el respeto a los derechos humanos en las naciones, sin importar si son de derecha o izquierda o impulsar una agenda en materia de medio ambiente. Difícil hacerlo luego de que la administración de López Obrador se conociera como un gobierno que impulsó el uso de energías fósiles y ser cómplice de la destrucción de la selva maya para la construcción de un tren.

En el caso de la relación con Estados Unidos en materia de seguridad es necesario modernizarla. La primera mandataria podría adoptar una agenda abierta con plena transparencia, en la que no se tenga miedo a hablar de colaboración y cooperación, con una actitud democrática, lejana a la narrativa abstracta de la soberanía y el falso nacionalismo. Dejar atrás la simulación y los acuerdos en lo oscurito. Hoy el mayor riesgo a la seguridad del país y sus habitantes, no es la colaboración con el vecino país del norte sino la sumisión o resignación ante el poder del crimen organizado.

Tenemos una presidenta que ni siquiera quiere inaugurar el Mundial de futbol que se celebrará este año en nuestro país. Parece ser más la representante de Morena, que la líder de toda una nación. No se puede ser un Estado con un enfoque meramente ideológico. No nos puede condenar al aislamiento global. México quiere estar sentado en la mesa de las decisiones internacionales y no ser parte del menú de las potencias.

Comentario Final

Semana diecisiete: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

@XochitlGalvez

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios