Un gobierno que se guía únicamente por la brújula ideológica está destinado al fracaso. El arte de gobernar requiere resolver problemas reales y actuales. Sin pragmatismo no puede haber buen gobierno. Enfocarse en adoctrinamientos rígidos que solamente convienen a la narrativa del partido oficialista no favorecen al desarrollo de México, ni a los intereses de sus habitantes. Doy dos ejemplos:

En febrero de 2023, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador impuso la orden del Águila Azteca al dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Aquel día el tabasqueño llenó de elogios al mandatario de la isla, a quien le dijo que merecía el premio de la dignidad.

Ese mismo año, siete meses después, el mandatario mexicano invitó a marchar al ejército ruso al desfile con motivo del 213 aniversario de la Independencia de México. Convidar a un ejército invasor que después de décadas rompió la paz en Europa, se sintió como un insulto en el corazón de muchos mexicanos y miembros de nuestras fuerzas armadas.

En ambos casos, en lugar de cuestionar la falta de democracia y de libertades que viven los habitantes de esas naciones, el mandatario mexicano antepuso su simpatía por tiranos y dictadores, con las ideologías de su preferencia.

Hace unos días, el expresidente López Obrador que se dice en retiro, salió para solicitar apoyo en efectivo para Cuba, en defensa de lo que llamó su libertad y soberanía. Nuevamente, subestimó la tiranía en que viven los cubanos y salió en defensa de uno de los regímenes autoritarios más longevos del planeta.

Ojalá la agilización de apoyo directo en tiempo récord se hubiese puesto en marcha para organizaciones de la sociedad civil que, por mantener diferencias ideológicas con el oficialismo, aún buscan recaudar dinero para abastecer de tratamientos y medicamentos a niños con cáncer.

El romanticismo ideológico no se quedó en el sexenio pasado. La presidenta Claudia Sheinbaum secundó el llamado del expresidente para apoyar a Cuba, sin importarle que esto pudiera tensar la relación con Donald Trump, en vísperas de la revisión del Tratado de Libre Comercio. Sobre todo, porque el vecino país del norte es nuestro principal socio comercial.

Una muestra más de que el dogma ideológico de los morenistas se transforma en decisiones de gobierno, es la convocatoria de inversión que hace la presidenta Sheinbaum a los empresarios. Es impecable en el discurso, pero en los hechos no hay confianza porque nuestro país carece de un Poder Judicial independiente, que dote de certeza jurídica a las inversiones y, por otro lado, se diseñan reglas de operación que parecieran imposibles de cumplir.

Por ejemplo, urgen inversiones en el sector energético, pero ponen enormes trabas al sector privado. Pareciera que su ideología los lleva a odiar a los empresarios y solo los ven como un mal necesario.

En un mundo polarizado, se requiere tomar decisiones en función a hechos reales, no en torno a las afinidades ideológicas, que más que ayudar a una nación le van cerrando espacios y opciones.

Comentario final

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