Peces gordos, resultados tangibles e inmediatos, reclama la Casa Blanca, no más tiempo. ¿Gobernadores? No, ya no estamos en la época en que eran intocables, no pocos han sido juzgados y encarcelados por tribunales mexicanos, quizá las ‘grandes piezas’ son personajes cercanos al primer círculo y así el escenario se invierte.

El morenismo se fundó en tres ejes centrales: no al gobierno rico y pueblo pobre, acabar con la violencia y cero corrupción. Aseguró López Obrador, que con su arribo no habría mafia del poder y desterraría la podredumbre. Los hechos dicen otra cosa, ni hay paz, ni justicia, la perversión como nunca vista, rompió con la tan proclamada medianía y, sí, nació una nueva elite manipuladora. Fue un engaño.

El entuerto que se le plantea a la Presidenta le representa una gravísima disyuntiva, por un lado, si cede, ofrecería a delfines e incluso, porque no, al ‘dedo’ elector. Sabe que al hacerlo le daría al traste al ‘proyecto reformador’ despojándolo del discurso, desenmascarando la colosal pifia mexicana y, de paso, abriría las puertas de Palacio, no a la extraviada oposición, pero sí a algún candidato de derecha como Ricardo Salinas, al final el magnate tendría razón en sus acusaciones y de llegar, muchos ‘encumbrados señorones’ terminarían en la cárcel. El otro camino, oponerse, la enfrentaría al desafiante Trump quien probó el fuego de la potencia en el hemisferio que quiere controlar y sin aviso se los llevaría, dejándola ver como protectora que, con su omisión, encubrió el presunto pacto que trajo la desolación y muerte de miles de inocentes con aquello de ‘abrazos no balazos’. Sheinbaum está entre la espada y la pared.

No tengo la menor duda de que la mandataria obra de buena fe, pero en su entorno aparecen actores con fuertes sospechas de tener obscuros lazos con los amos del crimen. Vaya encrucijada, sin embargo, cualquiera que sea la ruta que se elija, le estará poniendo la mesa a sus detractores que a diario revelan las tropelías y el desgobierno de la 4T y con esto la ruina de la supuesta ‘trasformación’ que en realidad es el redimensionamiento de la peor cara de la política. Nada les favorece, el debilitamiento de la estructura republicana es su propia loza ¿quién confía en un Estado sin contrapesos, sin límites?

Es la suma de todo, las susurras fueron ciertas, se hablaba quedito, con temor, después en voz alta por tanto escándalo, la opinión pública protestó y la respuesta a la legítima crítica fue la burla, sin argumentos ni defensa, es su método de debate. Se menospreció a los apartidistas, quienes ansiosos por el cambio en su momento les creyeron, los decepcionaron. Con la comunidad internacional fungiendo como testigo sorprendida observando el resquebrajamiento de lo que en décadas se construyó; luego se tentó al gigante, se desestimó a los vecinos al grado del vilipendio, el obradorismo pensó que no se meterían, que la entrega de unos cuantos sería carnada suficiente para mantenerlos a raya, fuera de nuestras fronteras, sin darse cuenta de que la lucha esencialmente es ideológica y económica.

No es un tema exclusivo de los actuales, pero si agravado por ellos. Por años, en contubernio, se permitió el trasiego de drogas, dinero, inmigrantes, combustibles, lo infausto es que rindieron a la soberanía ante la delincuencia en vastas zonas, hoy se las cobran.

El costo a los guinda podría ser su derrota, para la ciudadanía la incertidumbre y para la patria una mancha más en la larga lista de agravios.

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