La polémica por los llamados ‘XV años de Mafer’ no se explica únicamente por el lujo de la velada privada. En un país acostumbrado a casorios ostentosos y celebraciones extravagantes, lo que verdaderamente detonó el debate fue el contexto que rodea al evento.

El festejo, realizado en la cuna del morenismo, reunió un despliegue poco común: artistas internacionales, producción escénica tipo concierto inspirada en Nueva York, enmarcado por tiendas que iban desde la exclusiva Hermes hasta un 7 Eleven y un costo estimado por distintos medios de 45 a 57 millones de pesos. La joven homenajeada es hija de Juan Carlos Guerrero Rojas, quien se dice magnate relacionado a la industria petrolera que, según reportes periodísticos, ha obtenido jugosos contratos con la prácticamente quebrada paraestatal Petróleos Mexicanos que, a todos nos cuesta.

Ahí es donde el asunto deja de ser una simple nota social.

A partir 2018 el discurso del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, seguido por la mandataria Sheinbaum, se ha construido sobre dos pilares simbólicos: austeridad republicana y combate a la corrupción. Incluso, hagamos memoria, los guinda inauguraron su estancia en Palacio con la persecución a varios asistentes a la ‘Boda Maldita’, que concluyó con el encarcelamiento del abogado Juan Collado, papá de la novia. Posteriormente, aún está presente la mancha al título de la Miss Universo Fátima Bosch, por la vinculación de su padre, también tabasqueño, con PEMEX y la presunción de haber beneficiado al dueño del certamen con adjudicaciones, lo que le allanó el camino para hacerse de la corona, que, por cierto, ahora luce aboyada y sin brillo.

Bajo esa narrativa, la cercanía entre ‘empresarios’ y lo público, el huachicol fiscal, especialmente en el sector estratégico, como lo es el energético, ha sido uno de los temas sensibles en sonadas conversaciones.

Por ello, la fiesta rosa en Tabasco se convierte en un retrato de la contradicción política. En redes y columnas se empezó a plantear una pregunta obvia: si el nuevo modelo prometió terminar con los privilegios y el capital amasado al amparo de las venias y amiguismo gubernamental, ¿cómo entender que continúen apareciendo historias de riqueza súbita ligada al Estado?

El caso desnuda otra dimensión más lacerante: la revelación de que la nueva mafia del poder es profundamente indiferente a la desigualdad. En la tierra natal del ‘Peje’ son amplias esferas de la población que viven con visibles rezagos económicos. En esa circunstancia, el convite, se vuelve inevitablemente en un símbolo de contraste. No es delito gastarse una fortuna en el agasajo de la heredera, lo que sí es evidente es que el suntuoso despilfarro presupone dinero fácil, ajeno a la ‘cultura del esfuerzo’.

Probablemente el baile de la niña del ‘petrolero’ no tenga consecuencias legales, pero en términos de opinión ya produjo un relato que, en la vida moderna, pesan tanto como los hechos, tan es así que ha quedado instalado en el imaginario colectivo donde, mientras la retórica del oficialismo es de estrechez, la cúpula dominante y sus aliados, socios, siguen echando la casa por la ventana. En ese sentido, la recepción de Mafer no se reduce a una ceremonia, es cruda metáfora del momento de la 4T, plagado de frivolidad, perversión, decadencia y su manía por los escándalos.

Abogado. @VRinconSalas

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