La elección del poder judicial en México se evaluará de forma diversa. ¿Cómo aportará en forma efectiva a la justicia? El objetivo es que el judicial obtenga una independencia y autonomía a pesar de elegirse en un proceso empujado desde el ejecutivo.

Objetivo complicado en cualquier escenario porque tradicionalmente otros poderes han maniatado al judicial. Hoy las condiciones facilitan esta tendencia: los tiempos son cortos, se carece de información, el método de elección es enredado, para la población los candidatos son desconocidos y estos están tan confundidos sobre cuál será la dinámica y cual debería de considerarse un buen resultado tanto como nosotros. Sólo algunos problemas se irán corrigiendo conforme avance el proceso.

Coloquialmente existe el voto pastoreado que comprende cosas muy distintas: 1) el autoritario, ordenado y vigilado por un poder, 2) el corporativo, organizado por partidos, empresarios, líderes, iglesias, sindicatos y organizaciones productivas y 3) el movilizado: se recuerda la fecha, se invita el día de la votación o se facilita el transporte si se encuentra lejos o aislado pero no existe coerción o ni se exige garantía del sentido del voto.

En frente está el voto libre, motivado por miedos y esperanzas que bien pueden estar vacías, medio llenas o colmadas de verdades y mentiras que dependen de la decisión individual.

En esta elección se presume será la primera forma la que predomine. Puede ser un mal resultado, pero no el peor resultado.

Habrá elección, candidatos, votación, conteo (con dificultad, aunque todo lo demás vaya bien), campañas, resultados, jueces electos pero… ¿Habrá discusión? ¿Se plantearán los grandes temas de la justicia en este país? ¿O sólo se votará el nombre? o incluso un número.

Existe un enorme malestar por la impartición de la justicia y algo de ese malestar encarna en personajes que parecen estar exentos de ley: políticos de relevancia nacional o estatal, miembros del ejército o las policías, empresarios o gente que puede comprar la justicia o defenderse legalmente con dinero. Y está el crimen organizado.

En otras palabras, existe gran confusión, desconfianza en el método, la paternidad de la reforma y la falta de información de los candidatos.

El freno a la justicia es la asimetría del judicial frente a los poderes fácticos y los ejecutivos en sus distintos órdenes. Al judicial se le mantiene indebidamente con un menor rango y se intenta conquistar permanentemente. El método, si tiene una ventaja, será la de dotar de legitimidad a los juzgadores en esta relación.

Existe tentación por pastorear el voto, asegurar el resultado, de engendrar un acuerdo entre los gobernadores. Para pastorear se precisan pastores: Monreal y Adán Augusto han organizado votaciones con este talante (en contra incluso de la presidenta) y se acercan a los gobernadores. Todos pueden caer en la tentación, pero eso no será bien sancionado por la opinión pública y se perdería la principal ventaja de la elección: dotar autoridad moral a los jueces electos cuando existen problemas de seguridad y justicia.

Es una elección compleja. La principal razón de alerta está en el comportamiento de los gobernadores. Para el movimiento puede ser como dispararse en ambos pies. Un éxito de movilización y una derrota política. El voto libre da legitimidad,

Que no se pierda la fe en este y se sancione a quien opte por lo contrario.

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