Cien bombardeos aéreos en apenas diez minutos que dejaron 254 y más de 1160 heridos. Así se resume el ataque que lanzó Israel sobre Líbano ayer por la mañana, apenas unas horas después del anuncio de cese al fuego entre Estados Unidos e Irán. Acuerdo que, según quién lo cuente, incluía o no al país de los cedros
Mientras los equipos de rescate continuaban trabajando entre los escombros en Beirut, Corniche al Mazraa, Ain al Mreisseh y el Valle de Bekaa, en el Estrecho de Ormuz apenas dos o tres buques habían transitado desde el anuncio de la tregua. El miedo sigue paralizando el tráfico que continúa en más de 90% por debajo de lo normal. A la hora de cerrar este texto, aproximadamente 800 buques continuaban varados en la región.
Desde que el anuncio se hizo público, las suspicacias no se hicieron esperar. Ambas partes se han declarado vencedoras en el conflicto y ambas aceptaron un acuerdo que, sin embargo, contenía términos completamente irreconciliables. Trump dijo reapertura total del Estrecho. Irán dijo tránsito supervisado bajo su autoridad militar. Un acuerdo donde las dos partes dicen cosas distintas no es un acuerdo; es una pausa con fecha de vencimiento que nos obligaron a preguntarnos si sobrevivirá las dos semanas para las que se planteó. Y la respuesta depende de los incentivos y asimetrías de las partes en conflicto: Washington necesita salir; Irán puede esperar; Israel necesita que la guerra continúe.
Trump, con la guerra actual en Irán, enfrenta los niveles de aprobación más bajos de su segundo mandato: 35% según YouGov, 36% según Reuters/Ipsos. La gasolina superó la barrera de 4 dólares por galón. Mientras que figuras centrales del movimiento MAGA (Alex Jones, Steve Bannon, Marjorie Taylor Greene) lo han criticado duramente. Trump está desesperado por salir. La tregua es su rampa de salida del Estrecho de Ormuz. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, después de declarar las capacidades iraníes "completamente destruidas," cerró su conferencia de prensa con una frase que no deja lugar a dudas de sus intenciones "Es hora de que el resto del mundo se haga cargo." A Washington le urge a quién pasarle la estafeta.
Por su parte para Irán, cada día sin bombardeos es un día ganado. Su plan de diez puntos no busca volver al statu quo anterior sino formalizar uno nuevo donde son ellos quienes tienen el control del Estrecho, el retiro de las fuerzas estadounidenses, levantar las sanciones contra el país y cese de hostilidades en todos los frentes, incluyendo el Líbano. Hay un detalle que no puede pasar desapercibido, la versión en farsi del plan incluye la frase "aceptación del enriquecimiento," que desapareció de las versiones en inglés distribuidas por diplomáticos iraníes. Las demandas son maximalistas pero en estos más de 40 días de guerra, Irán ha descubierto que su posición no es débil. La tregua le permite reponer arsenales (con ayuda rusa y posiblemente china), reconstruir cadenas de mando, y mantener el control operativo sobre el Estrecho que descubrió poder ejercer. El tiempo juega a su favor.
Israel, sin embargo, es el actor sin incentivos. Netanyahu respaldó la tregua con Irán pero aclaró que "no incluye al Líbano" y lanzó el mayor ataque coordinado desde que comenzaron las operaciones. Para Tel Aviv, un acuerdo permanente significaría detener la campaña contra Hezbolá antes de terminarla. Al excluir al Líbano del cese al fuego, Washington le entregó a Netanyahu la herramienta perfecta para sabotear las negociaciones. Los bombardeos de ayer por la mañana han puesto en duda que la tregua se sostenga. Irán por su parte suspendió el tránsito de buques petroleros.
Esta tregua no nació para resolver la guerra. Nació para que Washington pudiera declarar misión cumplida, para que Teherán ganara tiempo y para que Tel Aviv la ignorara. Cuando los incentivos de las partes apuntan en direcciones opuestas, un alto al fuego así es mera escenografía.
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