El 29 de enero del año en curso, el presidente Donald Trump, emitió una Orden Ejecutiva (Abordaje de las amenazas del Gobierno de Cuba a los Estados Unidos) en la cual considera a Cuba una amenaza “inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Las razones que proporciona son que Cuba apoya a “actores malignos adversos a Estados Unidos”, como la Federación Rusa (Rusia), la República Popular China (RPC), el Gobierno de Irán, Hamás y Hezbolá. Otro argumento que plantea la Orden Ejecutiva de Donald Trump es que Cuba continúa defendiendo “ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental, lo que amenaza la política exterior de Estados Unidos”. Con base a lo anterior, determina imponer aranceles a los países que directa o indirectamente vendan o suministren petróleo a Cuba.
Esta orden ejecutiva aparece a casi un mes del secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa la diputada Cilia Flores y el asesinato de 32 cubanos que constituían su guardia personal, y 48 venezolanos más. En estas circunstancias, se dificultaría el envío de petróleo por parte de Venezuela hacia Cuba, pues la agresión de Estados Unidos, incluye restricciones a la decisión sobre el uso del petróleo por parte del gobierno de Venezuela. Esta acción por parte de los Estados Unidos nada tienen que ver con la defensa de los derechos humanos, con la democracia o con un combate al narcotráfico; esta represión hacia Venezuela es por el control de sus recursos naturales y por modificar la geopolítica de América Latina a su favor.
Ante este escenario, el gobierno de México encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha vertido declaraciones ambiguas pero que dejan entrever una subordinación a la orden ejecutiva de Donald Trump y no enviar más petróleo a Cuba; y en su lugar, dice que enviará “ayuda humanitaria” cuando la mayor ayuda que necesita Cuba ahora es el petróleo para mantener su actividad económica y poder mantenerse a flote. Además, el petróleo es el insumo fundamental para la generación de electricidad en Cuba. Esta decisión contradice el discurso de que la relación con Estados Unidos es de cooperación y no de subordinación, en continuidad con la relación que estableció el gobierno de Andrés Manuel López Obrador con los Estados Unidos. Muestra de ello fue la firma del TMEC en 2020, donde se establecen acuerdos que nos subordinan a la política de seguridad de Estados Unidos, cuyo objetivo es la contención de China en América Latina.
Ejemplo de ello es el capítulo 32 del T-MEC, donde se señala que si una de las partes tiene un acuerdo de libre comercio con una economía no considerada como “de mercado” —léase China—, las otras partes podrían cancelar el acuerdo trilateral e instaurar uno bilateral.
Otro hecho que es importante tomar en cuenta es el siguiente. El 9 de septiembre de 2025, la presidenta, envió una iniciativa al Congreso para aumentar aranceles aquellos países con los cuales México no tiene acuerdos comerciales, casualmente, China es el segundo socio comercial de México, país al cual se le cargarían la mayor parte los de aranceles. Finalmente, con algunos cambios, el Congreso aprobó la reforma el 10 de diciembre de 2025 y entró en vigor 1 de enero de 2026. Esta resolución eleva gravámenes hasta un 50% en sectores como el automotriz, textil, calzado y juguetes que provienen mayoritariamente de China.
Esta acción del gobierno mexicano de imponer aranceles a China coincide con la Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos (NSS, 2025) publicada en noviembre de 2025, cuyo objetivo es desconectar a China de América Latina.
Debemos de reconocer que el imperio se quitó la máscara con la Orden Ejecutiva de Donald Trump cuando se acusa a Cuba de tener alianzas con China, Rusia, Irán y de que condena y denuncia el genocidio que está cometiendo Israel apoyado y financiado por Estados Unidos contra el pueblo palestino. También cuando se le acusa a Cuba de “promover ideas comunistas por todo el hemisferio continental” habría que agregar no solo en el hemisferio sino en todo el mundo. Estas son, y han sido siempre, las razones de fondo por las cuales se le ataca a Cuba.
A Cuba se le ataca por sus valores, por sus acciones que buscan otra relación entre los países y los individuos basada en la solidaridad. Este ataque inició desde el triunfo de la revolución en 1959. En 1961 en presidente John F. Kennedy impuso el bloqueo hacia Cuba y hoy 65 años después el pueblo cubano sigue resistiendo; en ese mismo año Estados Unidos entrenó y financió a un grupo de mercenarios para realizar una invasión y fueron derrotados por la resistencia del pueblo cubano comandada por Fidel.
A Cuba se le ataca por lo que representa y porque ha demostrado que se puede establecer una relación entre los países basada en la solidaridad y el apoyo mutuo y no en el lucro. Muestra de ello es la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), en la cual se han graduado miles de médicos de más de 80 países, entre ellos decenas de estudiantes palestinos; la Operación Milagro iniciada en 2004, que beneficio a miles de personas de América Latina y África con operaciones que les devolvieron la vista. En 2010, en el terremoto que afectó a Haití, más de mil médicos y enfermeras se trasladaron a ese país para atender a la población afectada. En la pandemia del COVID 19 en 2020, se enviaron brigadas médicas a más de 40 países. El programa “Yo sí puedo”, método cubano de alfabetización implementado en Bolivia, Venezuela, Nicaragua y varias naciones africanas y que les permitió declararse naciones libres del analfabetismo.
Estos valores de solidaridad y el derecho del pueblo cubano a ser soberano e independiente es lo que quiere derrotar el imperio. Y esto es justamente lo que se debilita cuando el gobierno mexicano se alinea para provocar la escasez del petróleo en Cuba.
UAMX

