Nos ofrecieron la tierra prometida y nos llevaron al infierno. Se asumieron como los libertadores del “pueblo bueno”, que nos llevarían a una transformación de la dimensión de otros momentos históricos del país. Mintieron. Dijeron que la gasolina costaría diez pesos, que la economía crecería a más del 5%, que no tenía ciencia producir petróleo, que se acabaría con la corrupción, que los militares regresarían a sus cuarteles. Levantaron el pañuelito blanco sólo para edificar obras faraónicas o cancelar la construcción de un aeropuerto de primer mundo lo que ha significado un desfalco de cientos de miles de millones de pesos. Hablaron a nombre de las mujeres para cercenar sus derechos, recortar presupuestos de género, cancelar políticas de cuidado como estancias infantiles, comedores comunitarios, escuelas de tiempo completo. Se dijeron demócratas y se han dedicado a destruir todo contrapeso, apropiarse de los órganos electorales, concentrar el poder como hace décadas no se veía. Pero lo más grave es que para llegar al poder pactaron con el crimen organizado. Avalaron su participación en los procesos electorales, utilizaron esos recursos manchados con la sangre de las y los mexicanos para ganar espacios de poder como se ha documentado ampliamente en Sinaloa.
Sus promesas se quedaron en eso. En realidad, estamos en medio de una situación de absoluta vulnerabilidad frente a un socio comercial que cada vez más encarece los acuerdos, frente a los intereses del crimen organizado que abrazaron y dejaron crecer y apropiarse de regiones enteras del país y cogobernar con ellos como se ha documentado. Y son incapaces de romper con esas complicidades porque están implicados, porque el edificio se erigió sobre esa podredumbre. La economía no crece, cada vez hay que endeudarse más, el empleo que se genera es básicamente informal, la inversión estancada y el miedo rondando todos los rincones de la patria por la violencia e inseguridad. Su pacto criminal además de dolor y muerte le ha significado al país un boquete de más de 600 mil millones de pesos por el huachicol fiscal del que han sido beneficiados como fuerza política. Por eso Rocha Moya va y viene sin rendir cuentas ante la justicia. No importa que durante su gobierno hayan sido asesinadas más de 3 mil personas y desaparecidas 41 mil. Que se hayan encontrado 52 fosas clandestinas. Que las y los niños tengan que vivir pecho a tierra y que el miedo ronde las calles. Frente a ello el cinismo de lanzar candidata como si nada pasara. Como si el estado no requiriera una cirugía mayor. Un golpe de timón.
No pueden romper con eso porque son parte de lo mismo. Porque se beneficiaron de esas alianzas inconfesables y de ese dinero ilícito. Porque quienes lo permitieron gozan de cabal salud, están en puestos clave e incluso quieren ocupar espacios de poder. Y mientras tanto el país de rodillas como aquella maestra que fue ajusticiada en Veracruz por el crimen organizado. Depende entonces de todos los que no estamos inmiscuidos en estos expulsar a estos fariseos del templo. Limpiar la casa. Pero para ello se requiere la unidad de las y los que queremos salvar a México de esta oscuridad.
Política mexicana y feminista
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