Lo acontecido con los exámenes de admisión de la UNAM puede analizarse desde varios puntos de vista. Uno de los principales es que, si la universidad más grande del país no pudo manejar apropiadamente un desafío tecnológico de esta naturaleza, ¿qué confianza pueden inspirar otras instituciones públicas con el manejo de información sensible? Todos sabemos que el gobierno maneja y quiere manejar información digital sensible de la ciudadanía, pero no hay elementos para confiar en su manejo profesional y confidencial. ¿O acaso el gobierno dispone de filtros y herramientas de seguridad digital superiores a los de la máxima casa de estudios? No sabe uno cuál escenario es peor, que el gobierno mexicano disponga de tecnología avanzada para usar en nuestra contra, o que no la tenga y le puedan robar nuestra información.
En una nuez, hubo usuarios con capacidad de burlar los filtros del examen de admisión en línea para la UNAM. Uno se pregunta cómo fue posible que las autoridades de las facultades de ingeniería o los numerosos expertos en tecnología de la institución, no se hubieran involucrado más para garantizar la seguridad del proceso. Ante todo, preocupa saber quiénes son los individuos con capacidad para superar todo el sistema tecnológico de la universidad nacional. Es una evidencia más de que la delincuencia digital es insuficientemente atendida y menos prevenida, en México. La universidad anunció la creación de un comité de especialistas para analizar el caso. Lo verdaderamente desconcertante es porqué no se creó ese comité antes de echar a andar todo el proceso, de modo que hubiera supervisión y acompañamiento a lo largo del experimento completo. Mediante métodos fraudulentos, hubo gente que logró puntajes inusualmente altos. Del otro lado, hubo personas que se equivocaron en todas las preguntas. A decir de los conocedores, esto quiere decir que eran usuarios buscando simplemente copiar las preguntas para traficar con el contenido del examen. La inteligencia artificial empleada para el fraude académico, un tema viejo, pero para el cual por lo visto no hubo ninguna previsión.
Veo con preocupación y tristeza cómo la universidad va saliendo poco a poco de las noticias positivas y se envuelve en una maraña de escándalos francamente evitables. Este incidente, como siempre, servirá para la propaganda de quienes atacan la educación pública, pero la responsabilidad final es de las autoridades que permitieron que esto sucediera. Uno hubiera supuesto que bajo dos gobiernos de “izquierda”, la imagen y prestigio de las universidades públicas se habría convertido en una prioridad del gobierno, máxime que ambos titulares del ejecutivo en la llamada 4T son egresados de la UNAM. En cambio, lo que hemos visto han sido ataques desde la mañanera el sexenio pasado y en 2025, la caída de la universidad en los rankings internacionales de las cien mejores universidades del mundo. Siempre se puede decir que esos rankings no importan, o que su metodología no es buena. No obstante, palo dado ni Dios lo quita, y la consecuencia específica es el daño a la reputación de una de las instituciones más grandes y nobles del país.
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