El Rey español acudió el lunes a la exposición de mujeres indígenas que México envió a España. En respuesta, la mandataria mexicana declaró “Uno puede decir, no fue todo lo que hubiéramos querido, pero es un gesto de acercamiento, un reconocimiento de excesos, exterminios que hubo durante la llegada de los españoles. Yo creo que hay que reconocerlo y seguir avanzando en el diálogo.”
No tiene ningún sentido pelearse con España por algo que sucedió hace siglos. La política del rencor es útil para el activismo demencial de los destructores de monumentos en Paseo de la Reforma, no para quienes deben velar por la razón de Estado. El pleito con España no tenía sentido antes, pero menos ahora con un entorno internacional tan adverso para México. Los gobiernos de Morena han ahuyentado brutalmente la inversión y empiezan a darse cuenta de la imperiosa necesidad de una buena relación con el sector privado. NO tengo a la mano las cifras actualizadas, pero hasta hace poco, el principal inversionista europeo en México era España. En el marco de la continua amenaza de aranceles trumpistas, México no puede darse el lujo de desperdiciar ninguna propuesta de inversión española. Antagonizar ese país y a sus empresarios resulta no nada más contraproducente, sino suicida.
Queda la impresión de que la presidenta de México también se ha dado cuenta que está perdiendo sus últimos cobijos internacionales. La caída de Nicolás Maduro y la presión decisiva que está recibiendo por parte de Estados Unidos la dictadura totalitaria cubana, han desacreditado a los referentes internacionales de Morena. Todos sabemos que la izquierda mexicana mantiene cierta nostalgia y excesiva simpatía por los regímenes socialistas y sus respectivas dictaduras latinoamericanas, pero el gobierno de Trump ha puesto contra la pared a nuestros izquierdistas en ese terreno. ¿Quieren buena relación con Estados Unidos o con los dictadores bananeros de la región? Además, como ha dejado clara la doctrina Donroe, Estados Unidos no tolerará la alineación internacional de ningún país latinoamericano con potencias enemigas de los norteamericanos. Y es que, tanto Cuba como Venezuela presumían su alineación en algunos casos con Rusia, y en otros con China.
A la vista de lo anterior, es posible que Sheinbaum esté buscando un gobierno aliado, si ya no socialista del siglo XXI como los venezolanos y cubanos, por lo menos de corte progresista. Podría estar a la caza de una relación más provechosa con Pedro Sánchez y su gobierno, aunque nadie sabe cuánto durará ese pillo al frente de España. Con todo, vivimos una era de truhanes, así que Sánchez o los suyos muy bien podrían prolongarse por períodos más amplios en el poder. A México y a su gobierno no le conviene seguir tensando la relación con España, que es la puerta natural de México a Europa en todos los sentidos.
Mientras las universidades mexicanas, públicas y privadas, sigan fracasando en preparar egresados plenamente bilingües y diestros en el manejo del inglés para el mercado laboral, la única opción de posgrados en el primer mundo para estudiantes mexicanos será España. No es lo ideal, pero es lo que se puede conseguir en la realidad actual. Pelearse con las autoridades españoles supone cerrar el horizonte profesional de la juventud mexicana en tanto impide el establecimiento de un mayor número de programas de becas e intercambios. En suma, ojalá que Sheinbaum deje de insistir en su absurdo tema de “los exterminios” y otras culpas achacadas a España por la izquierda. No le conviene al gobierno mexicano para atraer inversiones, para construir alianzas ideológicas internacionales ni para impulsar a los estudiantes mexicanos en el exterior.

