Carlos Lavore
El 24 de marzo de 1976 se instauró la última dictadura militar en la Argentina
Hace cincuenta años, entre la cruz del sur y el ombligo de la luna, la región latinoamericana fue escenario de cambios profundos en la disputa histórica por un desarrollo independiente. La polvareda del momento no dejó ver lo que se puede pasado un tiempo.
Hace cincuenta años el capitalismo aplicó una vuelta de tuerca en la forma de acumulación y en la extracción de riquezas en estas tierras para acompañar lo que necesitaba el mundo desarrollado. Y fue la globalización neoliberal, impuesta bajo distintas modalidades, según las circunstancias de cada país. Con ruptura institucional, dictaduras infames, muertes y desapariciones en el sur. Con imposición autoritaria y represión en el norte. Y todas las variantes requeridas para sostener la expoliación, desde el Río Bravo hasta la Antártida.
Entre la cruz del sur y el ombligo de la luna, esa trágica vuelta de tuerca encontró resistencias, múltiples y variadas según los lugares y los momentos. Con logros monumentales en la recuperación de libertades democráticas, ampliación de derechos y reconocimientos civiles. Memoria, verdad y justicia, hoy y mañana, es un reclamo que se sostiene entre los pañuelos blancos y las palas, entre las madres de Mayo y las madres Buscadoras. Más todos los símbolos de lucha en el vasto territorio.
La representación política institucional de estas resistencias, en su mejor momento se hizo cargo de los reclamos humanitarios y reparadores, pero sin llegar al fondo y, sobre todo, sin abordar las causas, es decir, sin afectar el espacio del poder económico-financiero-tecnológico, verdadero factótum de nuestra deriva política, determinante de sistemas de gobierno y alcances de la democracia, transitando hoy los senderos del totalitarismo.
En tiempos de gran incertidumbre, la democracia liberal está dejando de ser funcional a la acumulación capitalista. De ahí la emergencia de belicismos, autoritarismos y, entre nosotros, la oleada ultra reaccionaria hegemonizada por EU en colusión con los poderes fácticos de cada país, para más despojo, con violencia, corrupción e impunidad.
Pero al mismo tiempo, la democracia liberal no es suficiente para la construcción de sociedades igualitarias. Constituye un marco de formalidad institucional, dentro del cual subsisten las condiciones de subordinación, dependencia y opresión, sin espacios para el reclamo social autónomo.
La concreción de memoria, verdad y justicia, del nunca más, tiene como condición el desmontaje del poder concentrado, el desarrollo de una institucionalidad realmente representativa del interés popular, el reconocimiento pleno de las agendas de colectivos, comunidades y organizaciones de la sociedad y el respeto a los derechos de la naturaleza.
Es el camino a la construcción de una democracia progresista y participativa, plural, incluyente, abierta, igualitaria, que asegure control sobre los bienes naturales, redistribución de riquezas, soberanía política, independencia económica, justicia social, integración latinoamericana. Tal vez, única garantía de no repetición.
A cincuenta años, medio siglo de distancia, la consigna argentina es “que digan dónde están” los desaparecidos y puede decirse que resuena, tiene eco, en tierra mexicana y en todas las tierras entre el ombligo de la luna y la cruz del sur. Es la síntesis de un reclamo que abona a la construcción de un mundo mejor.
Integrante de @pormxhoy

