La mayor victoria de Morena no solo se ha presentado en el terreno electoral sino en el terreno del lenguaje, incluso del vocabulario.
Y en política el que controla el lenguaje controla la contienda.
El verdadero poder de controlar el lenguaje es que es invisible.
Cuando un partido logra imponer su vocabulario, éste deja de parecer político y empieza a parecer el sentido común, lo obvio.
Esto es lo que Morena ha logrado con términos como “4T”, “bienestar” y “primero los pobres”.
Se logró que sus opositores tengan que usar estas palabras para criticarlos.
Cuando un opositor dice: "Ese programa de bienestar está mal gestionado", ya aceptó el marco del Bienestar.
Al usar la palabra, activa en el cerebro del oyente la idea de "hacer el bien", lo cual hace que cualquier crítica técnica y política suene como un ataque a la bondad misma.
Con el término 4T ocurre algo parecido: eleva un sexenio a la categoría de momento heroico de la historia.
Al compararse con la Independencia, la Reforma y la Revolución, el marco mental no es de administración pública, sino de destino nacional.
Quien se opone a la 4T, bajo este marco, no es un crítico político, sino un antipatria o un obstáculo al progreso histórico.
Al establecer este lenguaje, Morena movió el eje del debate.
La oposición y los críticos en los medios y en las redes sociales digitales hablan de la 4T y el bienestar aun cuando sea para criticarlos, con ello aceptan las reglas del juego impuestas por Morena.
Cuando la oposición utiliza términos como “bienestar” ocurre lo que Lakoff -el investigador más influyente sobre el puente entre lenguaje, cerebro y política- denomina suicidio comunicativo.
El cerebro aprende mediante la repetición.
Según Lakoff, cada vez que una red neuronal se activa, se vuelve más fuerte.
Si la oposición dice: "La 4T es un fracaso", el cerebro del oyente no se queda con la palabra "fracaso", se queda con la activación de "4T".
Al usar el término, la oposición está ayudando a Morena a mantener sus conceptos frescos en la mente de todos.
Están haciendo el trabajo de propaganda de su rival de forma gratuita.
Si la oposición propone un verdadero bienestar ya aceptó que el objetivo de la política es el que MORENA definió y se vuelve una copia borrosa del original.
Lakoff dice que, ante una copia y un original, el votante siempre elegirá el original.
Además, la negación de un concepto requiere la activación de ese concepto.
Si la oposición dice “no estamos moralmente derrotados”, obliga a pensar en la idea de que están moralmente derrotados para luego negarla.
Al usar el vocabulario del otro, la oposición se queda sin lenguaje propio.
Mientras Morena habla de “esperanza” la oposición responde con "instituciones" y "Estado de Derecho".
Para el cerebro humano, estos términos son abstractos y fríos.
Al no tener un lenguaje emocional propio, terminan pidiendo prestado el del rival, lo que los hace lucir débiles.
Por eso, dominar el lenguaje es dominar la mente.
Mientras la oposición use palabras ajenas al interés del electorado, seguirá fortaleciendo el marco del rival, confirmando que quien nombra, siempre lleva la voz cantante y hegemónica.

