En México, 7 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, desde agresiones verbales, hasta sexuales. A pesar de los esfuerzos para construir una realidad más armónica, seguimos siendo uno de los países con más feminicidios del mundo.

El reto es inmenso y debe abordarse desde varios frentes. La educación es uno de los más importantes. El machismo ancestral no se erradica con la llegada al poder de una presidenta; un verdadero cambio solo puede darse con un esfuerzo profundo que involucre a todos y que llegue al interior de las familias.

Aquellos en cargos altos y cuyas decisiones impactan a muchos, tienen que ser especialmente cuidadosos en sus expresiones por la influencia que generan. Es su obligación capacitarse y entender los términos y las formas que les permitan sumar en el esfuerzo por terminar con la violencia de género. Les toca ser parte de la solución y no del problema.

Hace unos días el diputado y comisionado político del Partido del Trabajo en Tabasco, Martín Palacios Calderón, lanzó una muy polémica declaración. En una reunión de trabajo con asociaciones charras y de cabalgantes, dijo que el caballo es como una mujer más, que hay que estar atentos a que coman bien y a que no les falle el tema de salud porque si no, pues no duran.

Las reacciones no se hicieron esperar. La Comisión de Igualdad de Género de la Cámara de Diputados, el Instituto Estatal de las Mujeres de Tabasco, la Sectorial Nacional de Mujeres del Partido del Trabajo y muchos organismos públicos y privados que combaten la violencia de género condenaron sus dichos. Destacaron que las palabras importan, sobre todo si las dice un legislador.

El diputado se disculpó en tribuna. Reconoció que se equivocó, celebró las conquistas logradas con el esfuerzo femenino y se solidarizó con las mujeres víctimas de violencia. Luego emitió un comunicado que merece ser leído con atención. En él reconoció que sus expresiones ante las asociaciones charras “reproducen estereotipos de género al equiparar a las mujeres con un caballo, dado que me he dado cuenta de que por años se ha visto a la mujer como propiedad: al poner a una mujer en la misma categoría que a un animal, se le quita su humanidad, convirtiendo a la mujer, no en una compañera, sino en un activo, algo que se posee, se exhibe y se domina”.

La reflexión que hace es muy lúcida. Los que menciona son exactamente los motivos por los que tantas nos indignamos. Luego de reiterar que no habló con dolo, se comprometió a leer y capacitarse para conducirse con respeto y responsabilidad.

Lo fácil sería alimentar la polémica, deplorar nuevamente sus dichos iniciales y no atender sus reiteradas disculpas. Pero seguir agrediendo al legislador no disminuye la violencia. Si el objetivo es avanzar juntos hacia la construcción de una sociedad paritaria, consciente y respetuosa, me parece que lo sensato es aceptar sus disculpas, apostar por la conciliación y convertir el episodio en una oportunidad para reflexionar en torno a lo mucho que podemos hacer cada uno para terminar con la discriminación.

@PaolaRojas

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