El viernes pasado tuve la fortuna de asistir a la presentación del libro El balón rueda tres veces: México 70, México 86 y 2026, una obra que recorre tres momentos históricos del futbol en nuestro país y que, al mismo tiempo, sirve para reconocer la trayectoria de uno de los periodistas más influyentes que ha tenido el país como José Ramón Fernández.

Cientos de personas acudieron para acompañar a José Ramón en un proyecto que contó con el respaldo del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, quien apoyó la edición de esta obra dedicada a los tres Mundiales que han marcado la historia futbolística de nuestro país.

También es justo reconocer el enorme trabajo realizado por el Instituto de Estudios Superiores de Periodismo JRF, escuela fundada por Leopoldo Díaz de León y estrechamente vinculada al legado de Joserra. Bajo la dirección de Teresa Anaya Martín y con el esfuerzo académico encabezado por Marco Antonio Salazar Reyes, lograron sacar adelante una publicación de gran valor histórico.

Durante el evento participaron futbolistas y protagonistas de los Mundiales de 1970 y 1986. A mí me tocó intervenir para compartir una anécdota que refleja perfectamente quién es José Ramón fuera de las cámaras y por qué tantas personas le guardamos cariño y respeto.

Hace varios años, cuando era director de la CONADE, recibí una llamada suya alrededor de las dos de la tarde. Recuerdo perfectamente sus palabras: “Nelson, necesito que me ayudes”.

La situación era complicada. El futbolista Pelé estaba de visita en México y José Ramón quería organizar una cena especial para recibirlo. Sin embargo, los planes originales habían fallado y apenas quedaban unas horas para encontrar una solución.

—¿Puedes hacerla en tu casa? —me preguntó.

Por supuesto que acepté. Teníamos menos de cuatro horas para organizar todo. Movimos a nuestro equipo, preparamos la recepción y logramos tener lista una cena digna del personaje que estaba por llegar. Esa misma noche, el mejor futbolista de todos los tiempos cruzó la puerta de mi casa.

Para mi familia fue una experiencia inolvidable. Mis hijos pudieron saludarlo, convivir con él y tomarse fotografías que todavía conservamos. Para cualquier aficionado al futbol, tener a Pelé sentado en la mesa de tu hogar es algo que parece imposible, pero aquella noche ocurrió.

Más tarde le pregunté a José Ramón por qué había recurrido a mí con tan poco tiempo de anticipación.

Su respuesta fue tan sencilla como contundente: “Porque sabía que no me ibas a fallar”. Esa frase siempre se me quedó grabada. Pero lo que más recuerdo de aquella noche fue una conversación con el propio Pelé. En ese momento tenía responsabilidades relacionadas con el deporte en Brasil y me habló de la enorme presión que enfrentaba.

Me sorprendió escuchar al hombre que conquistó tres Copas del Mundo reconocer con humildad que administrar el deporte de un país era mucho más complicado de lo que muchos imaginaban. Acostumbrado a triunfar dentro de la cancha, admitía que fuera de ella existían desafíos completamente distintos.

Han pasado muchos años desde entonces, pero la anécdota volvió a mi memoria durante la presentación del libro de José Ramón Fernández. Porque más allá de los Mundiales, los programas de televisión o los grandes debates deportivos, su mayor legado ha sido construir relaciones humanas que perduran con el tiempo.

Gracias a una llamada inesperada de José Ramón tuve la oportunidad de convivir con Pelé en mi propia casa. Y hay recuerdos que, por más años que pasen, siguen teniendo el mismo valor que aquella noche en que el Rey del futbol se sentó a cenar con nosotros.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios