Siempre me ha fascinado recorrer zonas de la Ciudad de México y encontrar pequeños lunares, vestigios, a veces casas ahogadas entre dos edificios que dan cuenta de otras épocas y de otras formas de vivir la ciudad. Por ello me topé con un blog: Grandes casas de México (https://grandescasasdemexico.blogspot.com/) con fotografías e información. A través de la investigación del arquitecto Rafael Fierro Gossman se puede recorrer la historia de casas que aún existen y las que ya desaparecieron en colonias como la Roma, la Juarez, Las Lomas, Polanco, Condesa, incluso algunas casas de la Colonia Americana de Guadalajara. Quise saber quién era el autor y apareció la fecha de su muerte reciente. Me impresionó, más joven que yo, profesor de muchos jóvenes que lamentaban su pérdida y cuya última entrada en el blog es del 22 de diciembre pasado y corresponde a la Casa Chávez Peón en el Pedregal de San Ángel (de 1952). El blog es fascinante: la mirada arquitectónica e histórica y la forma en que hemos vivido la ciudad, los arquitectos del momento. Los detalles de las construcciones y también las historias de las familias sucesivas que las fueron habitando permiten saber mucho más que el simple paseo de casas que aún respiran vivas o de las que han sido suplantadas por otro tipo de construcciones.

El arquitecto Fierro menciona que el blog es posible gracias al apoyo de Julieta Fierro. Busco el segundo apellido de la astrofísica y divulgadora de la ciencia que tanto apreciamos y admiramos y cuya muerte lamentamos, y entonces descubro que son hermanos. Que los dos comparten muertes recientes. Y no puedo evitar pensar en los atributos de la hermandad. Esta hermandad que se apoya. Julieta creyendo en la importancia y pasión del hermano por la indagación arquitectónica e histórica de las casas del siglo XX y aportando dinero para que ello ocurriera. Un dulce gesto.

Pensé entonces en otros hermanos famosos, en Teo detrás de Vincent van Gogh. Financiando la pintura, de quien en su tiempo no podía vivir de ello, y sus problemas de salud. Pienso en las hermanas Brontë, todas escritoras, me da curiosidad cómo compartirían una dedicación común en una época adversa para las mujeres artistas y no artistas. Pienso en Virginia Woolf y su hermana Vanesa Stephens, muy cercanas. Hasta los hermanos Coen, que hacen cine juntos y que los llamamos así como si su individualidad —Joey y Nathan— no importara. En la música popular hay duplas y familias enteras: los Carrión, los Rigual, los Everly Brothers, las hermanas Águila y actualmente las hermanas García, que cantan esa bella música de la Costa chica de Guerrero, entre un largo etcétera.

Recuerdo, porque los quise y aprecié sus talentos, a los dos hermanos Benítez Muro: Ana y José. Ana Benítez Muro (somos coautoras en el libro Sor Juana y la cocina) gastrónoma e historiadora que tenía una relación muy estrecha con su hermano José, documentalista y fotógrafo. El día que tempranamente murió Ana, José también. Luis Palomino Benítez, hijo de Ana, ha dedicado a la memoria de los hermanos un bellísimo documental, Mi sangre enarbolada (2016). Quizás respondiendo a esos intangibles que hay detrás de la relación de los hermanos que pueden estar tan cercanos el uno del otro incluso para dejar esta vida juntos.

Lamento no haber conocido en vida a Rafael Fierro Gossman (QEPD). El blog donde aparecieron mes a mes una o dos casas desde el 2012 —un maravilloso legado— es esa posible conversación. Gracias a la hermandad.

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