Si de verdad queremos aprovechar los frutos de la creatividad y la innovación, México necesita una auténtica cultura de propiedad intelectual (PI). No basta con reformas, instituciones o programas: sin una sociedad sensibilizada en la importancia de proteger y valorar lo que se crea, la innovación se desperdicia. En países donde la PI forma parte de la educación y de la vida cotidiana, la cadena que va del laboratorio al mercado fluye; donde no, se rompe.

El reporte WIPO Pulse 2025 confirma esta idea. Elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y publicado este 13 de noviembre, es la encuesta más amplia del mundo en percepción de PI —35 mil 500 personas en 74 países— y muestra un aumento global en sensibilización y confianza. México participó con 500 encuestados y los resultados son preocupantes: en casi todas las áreas cayó la percepción sobre los beneficios de la PI. Si no corregimos rumbo, será imposible avanzar en indicadores como el Índice Global de Innovación, por más que las autoridades de PI ya estén trabajando para mejorar ese desempeño.

Y no es casual que las regiones donde la conciencia creció con más fuerza sean también las que avanzan con mayor velocidad en innovación. En Asia y el Pacífico, por ejemplo, la sensibilización aumentó en todos los derechos de PI.

Ese salto no es menor: pasamos de ver etiquetas de ‘Hecho en China’ o ‘Hecho en Corea’ a observar ‘Patentado en China’ y ‘Diseñado en Corea’. Y ahora empieza a ocurrir con Vietnam, donde la transición de manufactura a diseño coincide con una mayor comprensión social de la PI. Las políticas, educación y un mensaje claro pueden transformar un ecosistema innovador, lección que deberíamos observar con atención.

El estudio revela mejoras importantes a nivel global: el conocimiento de marcas pasó de 30% a 36% y el de derecho de autor de 38% a 44%. También confirma un consenso notable: la mayoría confía en que la PI garantiza una compensación justa a creadores y certidumbre al consumidor, con valoraciones cercanas a cuatro sobre cinco. La percepción positiva de su impacto económico se mantiene en 64% a nivel mundial, una referencia útil para países que buscan fortalecer sus ecosistemas de innovación.

Pero no todo son buenas noticias. El WIPO Pulse advierte retrocesos y, mientras la juventud de América Latina muestra una caída significativa en el conocimiento de patentes, México destaca por razones equivocadas: registra disminuciones en casi todos los rubros evaluados, mientras Colombia sólo retrocede en áreas puntuales. Incluso, disminuyó el acuerdo con que “los derechos de PI fomentan la sostenibilidad”, un dato inquietante para un país que aspira a impulsar innovación verde.

Si la percepción social sigue deteriorándose, México corre el riesgo de rezagarse justo cuando el mundo avanza hacia economías basadas en conocimiento, diseño y tecnología.

Si seguimos viendo las marcas y las patentes como un gasto o formalidad, y no como herramientas de competitividad, terminaremos cediendo terreno ante regiones que sí apuestan por su cultura de PI. La confianza global en la PI está creciendo; nuestra cultura no puede quedarse atrás.

El WIPO Pulse 2025 es más que una encuesta: es una llamada de atención. La innovación no florece solo por talento ni por inversión, sino por una sociedad que entiende y protege sus intangibles. Si queremos avanzar, México necesita más PI en aulas, medios y empresas. La sensibilización no es un detalle técnico: es una decisión de país y una condición para el progreso.

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