Para Marina. Una bebé muy deseada desde antes de nacer
Hace unos días, durante una sesión de la Suprema Corte, una ministra dijo que quien nace mediante fertilización in vitro “a lo mejor” no forma parte de una familia. La frase se pronunció casi como un comentario al paso, dentro de una discusión sobre violencia familiar pero bastó para provocar una reacción inmediata. No únicamente por escandalosa, sino porque revela un profundo desconocimiento sobre un tema que impacta hoy a miles de personas.
La fertilización in vitro es una técnica médica que existe desde hace décadas y que ha permitido que millones de personas en el mundo puedan tener hijos y crecer su familia. Cada año nacen niñas y niños gracias a estas técnicas. Por eso resulta tan absurdo escuchar desde el máximo tribunal del país una frase que parece poner en duda algo tan evidente.
Lo verdaderamente preocupante no solo es el comentario en sí, sino lo que revela: la enorme desinformación que todavía rodea a la reproducción asistida en el debate jurídico mexicano. Y en parte esa desinformación tiene una explicación simple: México lleva décadas con un vacío legal en esta materia.
La reproducción asistida existe, se practica en clínicas privadas y públicas, miles de familias recurren a ella pero el país no tiene una regulación integral sobre estas técnicas. No hay reglas claras sobre el destino de los embriones, sobre la donación de gametos, o sobre la responsabilidad de las clínicas. Todo ocurre en una especie de zona gris jurídica.
Ese vacío deja el debate en manos de intituciones, prejuicios o ideas poco informadas. Cuando eso ocurre en un tribunal, el problema deja de ser anecdótico. Lo vimos hace poco en Estados Unidos. En Alabama, la Suprema Corte estatal decidió que los embriones congelados utilizados en tratamientos de fertilización in vitro debían ser considerados “niños” bajo la ley local. La decisión provocó algo inesperado: varias clínicas suspendieron tratamientos por miedo a enfrentar demandas si un embrión era destruido accidentalmente. De pronto, el intento de proteger embriones terminó poniendo en riesgo el acceso mismo a la fertilización asistida.
Ese episodio muestra hasta qué punto las decisiones jurídicas tomadas desde el desconocimiento pueden tener consecuencias reales. La reproducción asistida es un campo complejo. Cruza medicina, bioética, derecho de familia y derechos reproductivos. No se puede discutir seriamente sin entender cómo funcionan estas técnicas y qué implicaciones tienen.
Incluso sin entrar en debates científicos, la idea de que una persona nacida mediante fertilización in vitro no forma parte de una familia no es simplemente absurda sino también discriminatoria. La familia no se define por la forma en que ocurrió la concepción, se define por vínculos de cuidado, responsabilidad y afecto.
Eso, por cierto, no es sólo una intuición moral. Es también lo que ha dicho la propia Suprema Corte durante años cuando ha reconocido que la Constitución mexicana protege diversas formas de familia, no un único modelo biológico.
Por eso las palabras pronunciadas en el pleno resultan tan desconcertantes. No porque una frase aislada vaya a cambiar el derecho mexicano. Sino porque muestran algo más preocupante: que incluso en los espacios donde deberían discutirse estos temas con mayor rigor, todavía persisten ideas profundamente desinformadas.
La reproducción asistida seguirá existiendo, con o sin regulación. Las familias formadas gracias a estas técnicas seguirán creciendo. Y las y los niños nacidos mediante fertilización in vitro seguirán siendo exactamente lo que ya son: hijos e hijas.
Abogada

