Han sido demasiados los eventos que se han suscitado en estos días, uno tras otro. En ese torbellino de información, es fácil extraviar el análisis entre el ruido. Por ejemplo, además de revisar lo que sucede entre EU, Rusia, Ucrania y Europa, no debemos descartar el hecho de que las conversaciones del alto nivel sobre el tema tuvieron lugar en Arabia Saudita; que Turquía quedó marginada del rol de mediación que había cumplido previamente en este conflicto; que Zelensky estuvo precisamente en Turquía y que, en contra de lo que hoy están negociando EU y Rusia, Erdogan demandó un lugar en la mesa y declaró que la integridad territorial de ucrania no es negociable. Así que hay muchas dinámicas corriendo de manera paralela. En el texto de hoy, recapitulamos y comentamos algunas.

1. Después de la llamada entre Trump y Putin, de lo que ya hablamos la semana pasada, tuvo lugar la conferencia de seguridad Múnich, un evento que fue percibido como un terremoto en las relaciones EU-Europa por muchos factores. Pero antes de ese evento, el secretario de defensa estadounidense Pete Hegseth, ya había declarado que las metas de Ucrania eran poco realistas; que no se veía viable que Ucrania pudiese ingresar a la OTAN por ahora, y que Europa es quien debía liderar en el respaldo a ese país, puesto que EU tenía otras prioridades en la mira: su seguridad fronteriza y China.

2. Lo de Hegseth es relevante pues exhibió la disposición de la administración Trump a efectuar concesiones siquiera antes de haber iniciado las conversaciones con Moscú. Hay que recordar que Rusia se encuentra en un momento de fuerza en la guerra. Putin asume que el tiempo está a su favor, y no tiene por qué ceder mientras no consiga lo que quiere. Pero si además de ello, el Kremlin percibe a Trump con prisa para lograr un acuerdo, e incluso lee en declaraciones como las de Hegseth, la disposición a conceder sus mayores demandas de antemano, lo más probable es que Moscú pida más concesiones, y lo más probable es que Trump está dispuesto a efectuarlas.

3. Así, la conferencia de Múnich fue relevante por muchos temas, destaco tres: el primero, la brecha ideológica entre los liderazgos en EU y Europa que el discurso de Vance y las respuestas que recibió, exhibieron. El segundo tema, la administración Trump no mostró demasiada disposición a dialogar en los paneles al respecto de Ucrania con sus contrapartes europeas. Hubo un panel en donde participó el general Kellogg, el enviado especial de Trump para Ucrania. Sin embargo, ese mismo general ha sido relegado a un segundo plano en esta parte de las conversaciones en favor de Witkoff, enviado especial de Trump para Medio Oriente, quien logró activar las conversaciones entre Trump y Putin y quien posteriormente tuvo un rol activo en Riad como hombre de confianza de Trump. Aún así, en el panel en donde estuvo Kellogg, en el que muchos le cuestionaban cantidad de cosas, él solo atinaba a emitir su propia versión de la situación. Un ejemplo: la conductora le preguntó acerca de las concesiones que demandarían de Putin, puesto que por lo que parece, Putin está demandando todo sin conceder demasiado. Kellogg alcanzó a responder acerca de ciertas “concesiones territoriales” y acerca de un esquema de sanciones contra el petróleo ruso que ni siquiera han sido planteadas de manera seria en estos días. En otras palabras, lo que se escuchaba de Kellogg parecía altamente desconectado de lo que en el mundo de la realidad estaba ofreciendo Trump, su jefe, como se pudo apreciar en los días siguientes. Así, un tercer tema que Múnich exhibió, es que Europa y Zelensky iban a quedar más aisladas de las conversaciones de lo que ellos mismos inicialmente pensaron.

4. Días después, sobrevino el encuentro de alto nivel entre EU y Rusia en la capital saudí. Del encuentro podemos extraer lo siguiente: (a) La administración Trump desea poner freno a la guerra en Ucrania lo antes posible; (b) también desea restaurar una buena relación con Moscú, lo que incluirá temas que van más allá de Ucrania; (c) para poderlo lograr, y considerando que hoy es Rusia quien tiene la posición de mayor fuerza, la propia Casa Blanca está empezando a adoptar la narrativa rusa o parte de ella y ha accedido a satisfacer una buena parte de las demandas de Putin; (d) Ucrania y Europa serían marginados o solo parcialmente incluidos en estas negociaciones.

5. Para entenderlo mejor, hay que evaluar las limitadas capacidades que hoy tiene Europa para sustituir el rol que EU ha jugado en su respaldo a Ucrania. Europa ha hecho mucho, sin duda. Pero, como el propio Zelensky lo ha afirmado, es imposible que, sin EU, Ucrania pueda continuar adelante con la guerra. Lo sabe Europa, lo sabe Rusia, y Trump sabe que todos ellos lo saben. Y lo está usando a favor de sus metas inmediatas.

6. Esto nos lleva al siguiente factor: Zelensky. Ya hemos comentado en este espacio que Putin iba a demandar la cabeza de Zelensky. El presidente ruso considera a ese personaje como un obstáculo para sus metas de largo plazo para la cuestión de Ucrania y para otros temas de seguridad. En la narrativa de Putin, Zelensky representa lo peor del “ilegítimo régimen nazi” que gobierna Kiev. Quizás en otro momento, Putin pudo haberse acomodado y llegar a algún acuerdo con él. Pero en este punto en el que Moscú está en modo de demandas maximalistas, la cabeza de Zelensky es una de ellas. Una forma de deshacerse de él es a través de exigir elecciones en Ucrania.

7. No es casual, entonces, que, tras las conversaciones de Riad, ahora Trump es quien está haciendo eco de narrativas similares: Zelensky, en ese relato, es un comediante de “poco éxito” que consiguió extraer miles de millones de dólares a EU, que debió negociar un acuerdo en lugar de “iniciar” la guerra, pues en ese caso hubiera perdido mucho menos territorio que el que ahora va a perder. Lo que queda claro es que ahora la ruptura parece abierta; que Trump ejercerá su presión para que Ucrania cumpla lo que se le indique al pie de la letra, y que el no hacerlo, dejará a Kiev y a Europa solas en el camino.

8. Ante ello, hay un número de escenarios. Si Europa y Kiev quedan efectivamente marginadas de un acuerdo, podemos esperar que Zelensky recupere parte de la aprobación interna que ha perdido, y eso le permita un margen de maniobra para seguir adelante con la guerra e incluso efectuar movilizaciones de población más joven en su país. En este escenario, una parte de los países europeos, haría todo lo que esté en sus manos para respaldar esta renovada energía por continuar la guerra. Pero si Trump sigue adelante con sus amenazas y elimina definitivamente su respaldo a Ucrania, parece poco viable que Kiev pueda resistir demasiado tiempo. Incluso existe una posibilidad de que Rusia perciba los vientos a su favor y lance nuevas ofensivas sobre Kiev y sobre zonas que Rusia no pudo conquistar previamente, poniendo en riesgo la viabilidad de Ucrania como estado. También está por supuesto el escenario de que Zelensky, evaluando todo el panorama que se está planteando, opte por ceder y negociar los mejores términos que la situación permita, pero ello probablemente tardaría varios meses.

9. Para respaldar lo que señalo, considerar que Europa hoy no está presentando una postura unificada. Zelensky ha dicho que Ucrania necesita unos 200 mil soldados europeos en su territorio para otorgar garantías de seguridad a su país. Esta misma semana, los países europeos mostraron fuertes divisiones en este tema. Solo conseguirían movilizar a unas decenas de miles como mucho, y no necesariamente con funciones activas para defender las líneas que se acuerden.

10. Por último, hay que añadir que, de manera paralela, hay otras dinámicas que también están impactando. Las negociaciones de este y otros asuntos, dejaron a la diplomacia de Arabia Saudita muy bien parada. Pero hasta hace un tiempo, Turquía era quien había conseguido mediar entre Rusia y Ucrania, y quien logró negociar acuerdos parciales como el acuerdo de granos. Lo exhibido esta semana muestra que: (a) frente s los sucesos de Siria en los que Turquía resultó la mayor ganadora, y Rusia (junto con Irán) las grandes perdedoras, Moscú parece haber perdido confianza en Ankara; (b) Arabia Saudita, en cambio, el rival geopolítico sunita de Turquía, resulta beneficiada tanto por Trump como por la confianza de Moscú en este momento; (c) la reacción de Erdogan no se hace esperar, demanda un lugar en las negociaciones y coloca su respaldo del lado de Zelensky, lo que podría añadir una pieza inesperada a la ecuación puesto que además de ser miembro de la OTAN, Ankara es quien tiene las llaves del Mar Negro y ahora las llaves de Siria, los dos accesos de Rusia hacia el Mediterráneo. Vamos a tener que observar con cuidado estas otras piezas relevantes.

En suma: para que Trump pueda cumplir con esta, una de sus mayores promesas, deberá conseguir al menos un cese al fuego temporal en esta guerra. Para que ese cese al fuego ocurra, Ucrania, no solo Rusia, debe estar de acuerdo en implementarlo. Para lograr ese acuerdo, Trump está optando por sus tácticas de presión máxima contra Zelensky. Estas tácticas podrían aislar y arrinconar e incluso a radicalizar a Kiev retardando este cese al fuego más allá de lo que Trump quisiera. Por otro lado, sin embargo, en el mediano plazo Ucrania no cuenta con demasiadas alternativas para caminar sin Washington. Tendremos que monitorear la posible confluencia de otros actores de la OTAN—los cuales hoy podrían ya incluir a Turquía—y evaluar sus posibilidades de otorgar el respaldo que Kiev necesita, aunque por ahora ello se ve complicado.

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