Hay ciertos bienes que todos necesitamos para poder llevar a cabo nuestro plan de vida. John Rawls los definió como “bienes primarios”. Se trata de ciertos derechos y libertades, oportunidades y poderes, ingresos y riquezas que todos necesitamos para vivir dignamente. No por nada también dijo que estos bienes constituyen “las bases sociales de la dignidad”. La discusión sobre cuáles deben ser estos bienes y su alcance ha sido larga y profunda. Debe quedar claro que no puedes vivir tu vida si no tienes ciertas libertades aseguradas: de la tortura, de la arbitrariedad, de la crueldad. Si no tienes el derecho a libre tránsito, a profesar la fe que deseas, si eres perseguido por lo que crees o por lo que piensas, simplemente no tendrás una vida digna. La lista es larga, pero hay bienes todavía más esenciales: si no tienes ciertos ingresos, si tus condiciones materiales no te permiten cubrir tus necesidades básicas, tampoco podrías afirmar que vives con dignidad. Sobrevivir no es propiamente vivir.

Bueno, si Rawls viviera, quiero creer que entre sus bienes primarios encontraríamos el derecho al tiempo. El tiempo es un bien que es cada vez más escaso. En la modernidad las necesidades se multiplican sin cesar y, por lo tanto, las responsabilidades también aumentan. Se trabaja ilimitadamente para alcanzar óptimos inhumanos. El señorío del mercado esclaviza y nos hace sujetos del rendimiento. Todo esto aunado a problemas de antaño: la precariedad laboral, los abusos que cometen las élites a través del mercado laboral y una idea cada vez más frágil de comunidad. No es casual que se celebre tanto a la Constitución mexicana como la primera en el mundo que introdujo en su cuerpo los derechos sociales. Y, claro, muchos tenían que ver con el tiempo: jornadas de trabajo de 8 hrs, el pago de horas extraordinarias, descanso dominical.

Me interesa recordar todo esto por la discusión que hoy vemos en el Congreso sobre la jornada laboral de las 40 horas. No puede más que decepcionarnos la propuesta de Morena. Una iniciativa que se dobla ante el mercado y traiciona lo mejor de nuestro constitucionalismo social. La propuesta que hoy se debate y que será aprobada —gracias a esas mayorías artificiales— es un engaño. Así de simple.

En primer lugar, reconocen la crisis de salud pública derivada del estrés laboral, pero, lejos de atender esta crisis, deciden alargarla unos años más. Que en 2027 se trabajará un par de horas menos —una diferencia casi imperceptible—, luego en 2028 un par menos y así hasta 2030 cuando se alcanzarán, finalmente, las 40 horas. Esto, claro, sin garantizar los dos días de descanso por cada cinco de trabajo que exigen —con toda razón— los trabajadores. De forma que las 40 horas, cuando se llegue a ellas, podrán distribuirse como al empleador le quede mejor, sin garantías sobre el descanso de los trabajadores.

Entonces, reducen la jornada, sí (aunque haya que esperar hasta 2030), pero sólo dan un día de descanso. Cuando se empezó a discutir el tema, los trabajadores —con toda la razón— asumieron que iban a tener su fin de semana para descansar. Pero no fue así. Lo que vemos hoy es que su derecho al tiempo, su derecho al descanso, va a estar supeditado a la “negociación” que harán con sus patrones. Además, como incentivo perverso, aumentaron la cantidad de horas extraordinarias que podrán trabajar a la semana. Ahora en vez de ser 9, serán 13. Esto les da mucho más margen a los patrones para acomodar las jornadas según sus intereses y en menoscabo de los derechos laborales. Los trabajadores podrían acabar trabajando hasta 53 horas semanales. Y sin horas extras podrían trabajar 6.6 horas diarias —de lunes a sábado—, como si el traslado al trabajo no fuera parte de la propia jornada, como si se ignorara la realidad de millones de mexicanos que utilizan su día de descanso en tareas que no alivian la fatiga, sino que la acrecientan. Ese día se dedican a las tareas del hogar, a organizar su vida, a cuidar a sus seres queridos, y no propiamente a descansar.

No es una cuestión sólo de ocio, no, sino de un tiempo para poder hacer lo que uno quiera, sin estar sujeto a la necesidad. Es una cuestión de tener tiempo libre para disfrutar de todos esos derechos que adornan nuestra Constitución, pero no se ejercen porque no se tiene el tiempo para hacerlo. Porque la autonomía no sólo se enuncia, sino que se forma, y eso implica tener el tiempo para hacerlo. Aquí no lo tendremos.

Movimiento Ciudadano lo ha dicho con claridad y no lo dejaremos de hacer: 40 horas con dos días de descanso. Es lo justo, es lo mínimo.

Cuenta de X: @MartinVivanco

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