El inicio formal de la revisión del T-MEC ha mostrado un cambio de tono en el gobierno mexicano, aunque no necesariamente un reordenamiento completo. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se perfila como el rostro más visible y el principal operador de la estrategia frente a Estados Unidos, pero eso no significa que las diferencias internas hayan desaparecido ni que el Gabinete presidencial esté plenamente alineado. Más bien, lo que se observa es una coordinación incipiente, todavía en construcción, donde cada actor mantiene su propio espacio de influencia.
Tras las presiones que se hicieron evidentes a principios de año, la presidenta Claudia Sheinbaum parece haber optado por una fórmula pragmática: permitir que Economía lleve la batuta, sin desplazar a otras dependencias que tienen responsabilidades directas en los temas clave del tratado. El resultado de ello es un esquema híbrido, donde Ebrard concentra la interlocución económica y comercial, pero convive con una red de funcionarios que inciden en la negociación desde sus respectivos frentes.
En la Cancillería, Juan Ramón de la Fuente conserva un papel clave en la relación política con Washington, mientras que el subsecretario Roberto Velasco maneja su propia agenda y ha intensificado contactos discretos con especialistas, exnegociadores y centros de pensamiento para afinar posturas técnicas. Por su parte el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se posiciona como uno de los interlocutores más cercanos a las agencias estadounidenses y al Departamento de Justicia, en un contexto donde la agenda de seguridad, que incluye el tráfico de armas, el combate al narcotráfico y el intercambio de inteligencia, se ha vuelto inseparable de la negociación comercial.
Mientras tanto el secretario de Hacienda, Edgar Amador, junto con su subsecretaria María del Carmen Bonilla, trabajan en los escenarios fiscales y macroeconómicos que podrían derivarse de la revisión del tratado. A su vez, la banca de desarrollo, con Roberto Lazzeri al frente de Nafin y Bancomext, y Jorge Mendoza en Banobras, comienza a perfilar instrumentos financieros para respaldar sectores estratégicos.
Y hay más funcionarios que tendrán un rol igualmente determinante, aunque más especializado. La secretaria de Energía, Luz Elena González, enfrentará uno de los capítulos más delicados, en medio de los desacuerdos por la política energética y los conflictos geopolíticos. Alicia Bárcena, en Medio Ambiente, aporta su experiencia como extitular de la Cepal en temas de comercio y regulación ambiental, cada vez más presentes en la agenda. Julio Berdegué, en Agricultura, tendrá que defender un sector particularmente sensible, mientras que José Merino, desde la Agencia de Transformación Digital, entra en la discusión sobre ciberseguridad, plataformas digitales y comercio electrónico.
En este entramado también aparece Altagracia Gómez, quien desde la coordinación del Consejo Asesor Empresarial de la Presidencia busca articular la posición del sector privado con la estrategia gubernamental. Su rol será clave para evitar fracturas con el otrora Cuarto de Junto —que ya dejó de llamarse así, aunque sigue involucrando a los organismos gremiales— y mantener cohesionados a los empresarios, que han sido, hasta ahora, los principales defensores del tratado en Norteamérica.
Del otro lado de la frontera, el reto sigue siendo de cabildeo político. La representación diplomática de México, encabezada por el embajador Esteban Moctezuma, no termina de consolidar una interlocución activa con los centros de poder en Estados Unidos, en un contexto en el que el Congreso, los funcionarios del Gabinete trumpista y los gobiernos estatales juegan un rol determinante en la defensa o rediseño del acuerdo.
Así, más que un Gabinete alineado, lo que hoy existe es una coordinación en proceso, con Ebrard como figura central, pero con múltiples voces que seguirán influyendo en la negociación. Todo apunta a que la presidenta Sheinbaum se involucrará plenamente en las decisiones más relevantes, con ese estilo de micromanagement que la caracteriza.
Posdata 1
Con la renovación del T-MEC, Marcelo Ebrard se juega su futuro político y su última oportunidad de ser candidato presidencial. El secretario de Economía muy probablemente dejará su cargo al concluir la renegociación para irse a recorrer el país en busca de su aspiración de ser presidente de México.
Posdata 2
Trafalgar, la nueva sofipo que logró autorización de la CNBV tras casi una década sin nuevos jugadores, empieza a moverse con rapidez para posicionarse en el sector financiero con un enfoque en las pequeñas y medianas empresas. En su evento “Play to Win” de este martes, la firma que encabeza Porfirio Sánchez-Talavera delineó una estrategia basada en velocidad de ejecución y en una oferta integral que incluye crédito, captación, medios de pago e inversión, con la mira puesta en un mercado que supera los 80 mil millones de pesos en depósitos.
Así que en lugar de apostar por una licencia bancaria —un proceso que puede tomar más de una década—, Trafalgar decidió crecer como sofipo y complementar su oferta mediante adquisiciones. La más avanzada es la compra de una casa de bolsa, lo que le permitiría integrar servicios financieros más sofisticados en el corto plazo, con la posibilidad de incursionar posteriormente en seguros. El objetivo es construir un ecosistema financiero para Pymes sin pasar por el largo y costoso camino de convertirse en banco.
Para 2030 proyecta una cartera de crédito de 105 mil millones de pesos, utilidades por 9.2 mil millones y más de 2 mil clientes empresariales. Detrás de estas cifras hay una apuesta por el cross-selling y la profundidad en la relación con el cliente, más que por el volumen de usuarios, en línea con los modelos de negocio de intermediarios financieros más rentables.
El mensaje del evento lo reforzó Jordan Belfort, el llamado “Lobo de Wall Street”, quien en su tercera visita a México insistió en una premisa que encaja con la estrategia de la sofipo: “O vendes o fracasas”. Más allá del personaje, la narrativa apunta a un enfoque comercial agresivo, basado en procesos, métricas y disciplina que Trafalgar buscará traducir en crecimiento acelerado en un mercado donde los bancos tradicionales siguen siendo lentos para atender a las Pymes.
Posdata 3
La industria farmacéutica nacional volvió a poner sobre la mesa el tema de la regulación, uno de los cuellos de botella más críticos del sistema de salud. Los laboratorios agrupados en AMELAF, ahora encabezados por Astrea Ocampo, pidieron al gobierno federal agilizar trámites y procesos en instancias como Cofepris para acelerar la producción, autorización y distribución de medicamentos. Ahora con la renovación del T-MEC, queda claro que sin una mayor simplificación regulatoria no habrá abasto suficiente, por más compras consolidadas que se anuncien.
El subsecretario de Salud, Eduardo Clark, adelantó que la compra consolidada 2027-2028 podría alcanzar los 400 mil millones de pesos, la más grande en la historia. Pero el tamaño del gasto no garantiza resultados si la cadena de suministro sigue atorada en permisos, registros sanitarios y otras barreras técnicas. La industria insiste en que hay capacidad instalada para producir más genéricos y biosimilares en México, pero falta velocidad del lado gubernamental para liberar esa oferta.
En el fondo, lo que está en juego es la viabilidad del modelo de “soberanía sanitaria” que impulsa el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
@MarioMal

