En una reunión privada entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Roberto Velasco, cuando ya se perfilaban los cambios en la Cancillería, la mandataria le comentó en tono de broma que ojalá tuviera “otro Roberto” en quien confiar para otra de las posiciones más relevantes del servicio exterior. Velasco respondió que sí existía otro Roberto y que estaba en la banca de desarrollo. Se refería a Roberto Lazzeri, entonces director de Nafin y Bancomext, quien había logrado construir una interlocución efectiva con el Departamento del Tesoro y la Red de Control de Delitos Financieros de Estados Unidos (FinCEN), durante la crisis que enfrentó el sistema financiero mexicano en junio del 2025, tras los señalamientos a tres instituciones del país.
La anécdota ayuda a explicar una de las decisiones más relevantes de Sheinbaum en materia de política exterior. El 1 de abril, la presidenta anunció el nombramiento de Roberto Velasco como secretario de Relaciones Exteriores en sustitución de Juan Ramón de la Fuente, designación que fue ratificada por el Senado el 8 de abril. Tres semanas después, el 23 de abril, la Presidenta reveló que propondría a Roberto Lazzeri como embajador de México en Estados Unidos; el nombramiento fue enviado al Senado el 27 de mayo y posteriormente ratificado. Ambos llegan a posiciones estratégicas sin pertenecer al Servicio Exterior Mexicano, pero con una trayectoria que los ha llevado a construir relaciones directas con algunos de los principales centros de poder de Washington.
Velasco ha dedicado buena parte de su carrera reciente a la agenda norteamericana. Desde 2020 encabezó la Unidad para América del Norte de la Cancillería durante la gestión de Marcelo Ebrard y más adelante fue promovido como subsecretario para la región. En esos años participó en prácticamente todas las negociaciones relevantes entre México y Estados Unidos. Migración, seguridad, comercio, cadenas de suministro, energía, agua y consultas derivadas del T-MEC pasaron por su oficina. También desarrolló vínculos con legisladores, funcionarios, empresarios y centros de pensamiento especializados en la relación bilateral.
Esa experiencia le permitió establecer comunicación con figuras que hoy ocupan posiciones clave en la administración de Donald Trump, entre ellas Marco Rubio, actual secretario de Estado, así como integrantes de los equipos económico y comercial encargados de la revisión del acuerdo comercial de Norteamérica. Hace unos días se reunió con el embajador Ronald Johnson y otros funcionarios con quienes ya tenía contacto previo. La llamada con Rubio, apenas unos días después de asumir el cargo, confirmó que habría buena interlocución.
Lazzeri, por su parte, aporta una especialización distinta pero igualmente relevante. Su experiencia en Hacienda y en el sector financiero lo llevó a convertirse en uno de los interlocutores mexicanos más conocidos por las autoridades regulatorias estadounidenses. El economista tuvo un rol importante en mantener abiertos los canales de comunicación con Estados Unidos y contener riesgos que pudieran extenderse al resto del sistema financiero. Esa capacidad para dialogar con el Tesoro, el FinCEN y otros organismos pesó en la decisión de Sheinbaum para enviarlo a Washington.
En su reciente comparecencia ante el Senado, Lazzeri delineó las prioridades de su gestión. La revisión del T-MEC, la cooperación en materia de seguridad, el combate al narcotráfico, la migración y la defensa de los intereses de los mexicanos que viven en Estados Unidos dominarán una agenda bilateral cada vez más compleja. También reconoció la necesidad de fortalecer la interlocución política con una administración que ha endurecido el tono en temas comerciales y de seguridad y que mantiene abiertos diversos frentes de presión hacia México.
La Presidenta parece haber privilegiado la confianza y la juventud, pero también el conocimiento técnico y la capacidad de negociación sobre la experiencia diplomática tradicional. Del lado de sus contrapartes tampoco predominan los diplomáticos de carrera. Buena parte del equipo de Trump está integrado por empresarios, abogados, negociadores comerciales y operadores políticos como Howard Lutnick, en Comercio, o Jamieson Greer, en la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.
No obstante, los desafíos que enfrentarán Velasco y Lazzeri son enormes. La revisión del T-MEC ya está en marcha y con constantes presiones directas de Trump, quien ha dicho invariablemente que no le interesa el tratado. La agenda migratoria también sigue siendo un punto de conflicto y no se diga los temas de seguridad y combate al crimen organizado, junto con las investigaciones y la cancelación de visas contra actores políticos y empresariales mexicanos.
Los dos Robertos serán unos de los rostros más visibles de México frente al gobierno de Trump en los próximos años. Es mucho trabajo y mucha responsabilidad.
Posdata 1
Hablando de la relación bilateral, sigue pendiente la reunión de alto nivel entre Sheinbaum y Trump o la visita formal de la presidenta a Washington. Una de las posibilidades es en la cumbre del G20 en Miami. La reunión, programada para el 14 y 15 de diciembre, podría convertirse en el escenario natural para una conversación de fondo entre ambos mandatarios sobre seguridad, migración y la revisión del T-MEC.
Sheinbaum y Trump ya coincidieron en diciembre pasado durante el sorteo del Mundial 2026 en Washington, pero no fue propiamente una reunión formal como la que se requiere. Y, además, hoy el contexto es distinto.
Trump llegará al G20 de Miami después de las elecciones intermedias estadounidenses, que serán una prueba de fuego para la segunda etapa de su gobierno y para el control del Congreso. Para entonces también habrán avanzado las negociaciones del T-MEC, las discusiones sobre seguridad y las presiones políticas hacia México.
Si el encuentro se concreta, será también una prueba para la nueva arquitectura diplomática construida por Sheinbaum. Roberto Velasco desde la Cancillería y Roberto Lazzeri desde la embajada en Washington llegan precisamente para preparar el terreno de una relación bilateral que atraviesa uno de sus periodos más complicados.
Posdata 2
El relevo de Andrés Manuel López Beltrán en la Secretaría de Organización de Morena terminó por confirmar hacia dónde se mueve el poder del partido rumbo a las elecciones de 2027. Este lunes, el Comité Ejecutivo Nacional designó a Manuel Jesús Zavala Salazar como delegado en funciones de secretario de Organización, uno de los cargos con mayor influencia dentro de la estructura territorial y electoral del movimiento. La posición quedó vacante tras la salida de “Andy”, quien dejó el cargo para buscar una diputación federal en Tabasco.
Zavala fue dirigente de Morena en Campeche, delegado de los Programas de Bienestar y hasta ahora se desempeñaba como secretario de Movimientos Sociales del partido. Su cercanía con la nueva dirigencia nacional encabezada por Ariadna Montiel lo convierte en una pieza estratégica para la operación territorial y la construcción de candidaturas en el proceso intermedio del próximo año. Morena también lo incorporó a la Comisión Nacional de Elecciones, el órgano que tendrá en sus manos la definición de cientos de candidaturas federales, locales y de las 17 gubernaturas que estarán en disputa. Quien lleva mano en esa área es Citlalli Hernández.
La salida de López Beltrán y la llegada de Zavala forman parte de la reconfiguración interna que impulsan Ariadna Montiel y Sheinbaum para consolidar el control del partido después del cambio de dirigencia.
Posdata 3
Durante una reunión de trabajo celebrada en la sede de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), la titular de la dependencia, Rosaura Ruiz, y el presidente de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Cámara de Diputados, Eruviel Ávila Villegas, revisaron el estado de los principales proyectos tecnológicos impulsados por el gobierno federal. Sobre la mesa estuvieron Olinia, el vehículo eléctrico mexicano; la Misión Ixtli, enfocada en el desarrollo de una constelación de satélites de observación terrestre; y Kutsari, la estrategia para establecer capacidades nacionales de diseño y fabricación de semiconductores.
En el encuentro también se analizaron proyectos de infraestructura científica vinculados al cómputo de alto rendimiento, entre ellos la supercomputadora Coatlicue, concebida para fortalecer las capacidades nacionales de procesamiento de datos e inteligencia artificial. Ávila sostuvo que la meta es vincular la investigación científica con la formación de capital humano especializado, de manera que universidades, centros de investigación y estudiantes participen en sectores estratégicos para la economía del conocimiento.
El componente legislativo ocupó un lugar central en la conversación. El diputado adelantó que la Cámara de Diputados y el Senado trabajarán en la construcción de un marco regulatorio para la inteligencia artificial, un proceso que será coordinado con la senadora Susana Harp y que buscará acompañar la estrategia tecnológica impulsada por la administración de Claudia Sheinbaum. El objetivo es dotar de certidumbre jurídica a proyectos que abarcan desde electromovilidad y semiconductores hasta satélites, centros de datos e inteligencia artificial.
@MarioMal

