La historia de las epidemias infecciosas en México ha sido dramática, no solo por su número y frecuencia, sino también por la extensa morbimortalidad que conllevaron. Tras la conquista europea, los pueblos nativos de México padecieron diversas enfermedades infecciosas epidémicas, resultando en la muerte de más de 20 millones de habitantes. Entre las epidemias más significativas se encuentran la peste, el tifo y la viruela, que diezmaron considerablemente la población mexicana.

Durante el siglo XVI los nativos de México experimentaron enfermedades epidémicas, comenzando con la epidemia de viruela de 1519 a 1520, cuando murieron entre 5 y 8 millones de personas, seguida de las calamitosas epidemias que comenzaron en 1545 y 1576, las cuales mataron entre 7 y 17 millones de personas más. Fue una catástrofe demográfica con una de las tasas más altas de mortalidad en la historia de nuestro país.

Tras estas epidemias, la población mexicana, al igual que otras en diversas partes del mundo, continuó expuesta a la amenaza de un elevado número de enfermedades infecciosas, como el tifo exantemático, la escarlatina, la viruela, la difteria, la tos ferina, el sarampión y la tuberculosis. A finales de 1595 aparece la parotiditis y el tabardillo, una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Rickettsia, que también provocó muchas defunciones.

A lo largo del periodo colonial (1521-1821), la viruela definida como sinónimo de miseria, muerte y desolación, llevó a que las autoridades civiles y eclesiásticas procuraran contener su propagación con la imposición de rígidos cordones para mantener en aislamiento forzoso a los enfermos, además de encenderse hogueras en las calles para limpiar el aire de las impurezas que se decía favorecían la propagación de la enfermedad.

La corona española en 1803 con Carlos IV, decidió afrontar de manera organizada el problema que las epidemias de viruela causaban en sus territorios. Se iniciaron propuestas para mejorar la higiene pública y la reducción de las tasas de mortalidad infantil, una pieza central de la política social. Nacía así el proyecto de una expedición que sería conocida como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y que dio la vuelta al mundo con el objetivo de propagarla.

Esta expedición fue guiada por el doctor Francisco Xavier Balmis, quién conoció y difundió la vacuna contra la viruela, descubierta por el médico inglés Edward Jenner. Salió de La Coruña con un equipo de cirujanos y veintidós niños abandonados, a los que se había inoculado la sustancia para poder transportar vivo el virus inmunológico. Esto cumplió con una misión humanitaria que favoreció en gran medida a la erradicación de dicha enfermedad.

En México, la vacunación contra la viruela fue introducida por el doctor Balmis, que utilizó la técnica de vacunación de brazo en brazo a partir de su llegada a Yucatán, el 25 de abril de 1804.

Al margen de las medidas sanitarias adoptadas en diferentes épocas de la historia, con mayor o menor eficacia, la batalla que realmente logra vencer a la enfermedad se ha librado en la lucha cuerpo a cuerpo. El verdadero éxito en este ámbito se ha caracterizado por la efectividad de la inmunización individual.

Es penoso admitir que después de que nuestro país ocupó el primer lugar en materia de inmunización a través del combate a distintas variedades patológicas; porque sí, fuimos la primera nación en erradicar el sarampión, así como la difteria, la tosferina, el tétanos, y a partir de 1990 la poliomielitis.

¿A qué obedeció la maravillosa limpieza sanitaria? A la adquisición oportuna que año con año se observó para la aplicación de las vacunas, responsabilidad de las instancias encargadas de la salud del gobierno de México, que dio como consecuencia la limpieza sanitaria, principalmente observada en el campo de la niñez.

Infortunadamente hace 7 años el gobierno que llegó, marginó esta actividad y las dependencias encargadas se vieron en la imposibilidad de adquirir y aplicar las vacunas, situación que propició que sobrevinieran enfermedades e infecciones que ya estaban marginadas y ahora empañan nuestra posición de higiene, al tiempo que ponen en riesgo a nuestra población.

Hoy, la Secretaría de Salud ha retomado su responsabilidad reiniciando jornadas de vacunación, a fin de volver a tener los logros que a nivel mundial México tuvo para proteger a la población durante décadas.

Esperamos con vehemencia e interés sanitario y epidemiológico, alcanzar una vez más el éxito obtenido en lustros pasados y nuevamente ser reconocidos en el ámbito de la vacunación.

Recordemos cuando México ocupó el primer lugar por vacunación oportuna en América Latina. Hoy, infortunadamente, tenemos una alta morbimortalidad por sarampión, por no haber cumplido tan importante responsabilidad en materia de prevención de la salud.

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