La RAE define perverso como adjetivo: sumamente malo, que causa daño intencionalmente. En una segunda definición describe: que corrompe las costumbres o el orden y el estado habitual de las cosas. Perverso nos lo plantea como sinónimo de malo, malvado, vil, maldito, entre otras. Igualmente, el diccionario define fraude como acción contraria a la verdad, que perjudica a la persona contra a quien se comete. Y lo presenta como sinónimo de engaño, estafa.
Inicio con estas dos definiciones porque estoy convencido, después de la evidencia de 8 años, que López Obrador es un ser perverso y que la 4T es un fraude.
Si analizamos la historia reciente, desde la campaña en 2018 y hasta hoy, vemos que López Obrador nos ha mentido y engañado en un sin fin de cosas, dichos y situaciones con fines de manipular al pueblo de México y así servir a sus intereses malvados. Por esto he descrito a AMLO como demagogo, porque la demagogia es mentir para manipular. Es “la corrupción de la palabra”, decía mi padre Maquio.
Así, el 15 de enero de 2018, López nos dijo en Monterrey: “Romo y Tatiana van a ayudarnos siempre buscando enlaces, tender puentes con los sectores, buscar la unidad de todos los mexicanos; necesitamos unirnos todos para sacar adelante a nuestro querido México”.
Una vez habiendo ganado, y peor, una vez en el poder, López Obrador se radicalizó y rompió el dialogo con todos los sectores, polarizó al país y dividió a los mexicanos para así fortalecerse en el poder con la máxima de divide y/o vencerás.
Igualmente, cuando Obrador nos habló de su república amorosa, señaló: “tenemos que convencer y persuadir que si no buscamos alcanzar un ideal moral, no se podrá transformar a México”. Al mismo tiempo nos dijo que el fin último de todo gobierno es “lograr el amor, hacer el bien”.
Ya en el poder como presidente, López Obrador buscó venganza contra opositores, sus críticos y los disidentes. El mejor ejemplo de esto fue su ensañamiento abusando del poder contra Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, y así los difamó y denostó, persiguió y reprimió a la ONG, sus directivos y patronos por el solo hecho de exhibir públicamente la corrupción de su gobierno y de sus hijos. Cuando él había prometido “no mentir, no robar y no traicionar”.
Incluso en su discurso inaugural del primero de diciembre de 2018 nos dijo textual: “si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno respondo: acabar con la corrupción y con la impunidad”.
Vemos que en su gobierno se incentivó, se promovió y se solapó la corrupción en las obras insignia como el Tren Maya, la refinería Olmeca, el Tren Interoceánico. Se protegió la impunidad para funcionarios afines a su movimiento como fue el caso de Segalmex, el megafraude del huachicol fiscal (léase contrabando de combustibles), entre otros.
Y hoy sabemos que su cacareada política de “abrazos y no balazos” significó una abierta alianza electoral con los cárteles de las drogas, y de protección a los mismos, especialmente al Cártel de Sinaloa, de ahí las reiteradas visitas del presidente López a Sinaloa y Badiraguato en su sexenio.
Tanto la perversidad como el fraude demandan actuar con dolo y aquí es claro que lo ha habido. Y todo indica que la primera Presidenta está siguiendo el mismo manual.
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