La escuela, como todas las instituciones centrales en la sociedad, tiene varias funciones: unas son expresas —se enuncian—, y otras son latentes —subyacen sin que estén escritas. Ambas son importantes: un ejemplo de las primeras es generar ambientes de aprendizaje para su alumnado, que le permita comprender y conduzca a una visión sólida y crítica del mundo socio-natural en que vivimos, así como sus modificaciones a lo largo del tiempo. Otra, en el ámbito de las que no se expresan, pero son cruciales, es asegurar que sea el espacio social público de convivencia en que exista la certeza absoluta de la seguridad e integridad de quienes a ella asisten cada día.

Cuando, en la escuela, se dan casos de abuso sexual por parte de adultos (docentes, personal administrativo o directivo), hay una fractura honda en la principal misión de los ambientes escolares: ofrecer confianza a los niños y sus familias.

De problemas en redacción o cálculo, hay soluciones. No sencillas, pero posibles. Puestos a elegir, prefiero una escuela segura que un mal resultado en equis evaluación. El daño por la vejación del cuerpo de los niños, hasta niveles inauditos, es inadmisible.

Y eso ha ocurrido sin que la SEP haya asegurado la certidumbre de no repetición de salvajadas como las ocurridas en el Jardín de Niños Marcelino de Champagnat. Diez y ocho pequeños, entre los tres y cinco años, sufrieron abuso sexual, no solo por parte de algunos adultos, sino a través de una organización que fue cómplice de esos atropellos sin nombre.

Para acatar la sentencia, que el juez dictó y que rebasa al caso específico, la SEP, el 28 de agosto de 2025, realizó un acto en que pidió disculpas, en nombre del Estado, a las familias, y se comprometió a trabajar para asegurar la no repetición de estos crímenes, válidos para todas las escuelas del país en el nivel básico.

Ayer se cumplió un año de esa reunión en la que Mario Delgado se obligó a muchas cosas, y Luciano Concheiro —Titular de la Autoridad Educativa Federal en la CDMX— hizo lo propio.

A juicio de organizaciones sociales que se dedican a la defensa de casos similares, el balance ha sido, en el mejor de los casos, muy pobre.

Por mencionar dos: el secretario dio instrucciones para eliminar las habitaciones que hay al interior de las escuelas, y bodegas sin visibilidad desde el exterior, donde suelen cometer esos delitos. ¿Resultados? Se ignora todo, pues en la página de la SEP no hay datos al respecto. Luego de la disculpa, la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) ha tenido noticia de 19 planteles más, en distintos estados, en que se ha cometido abuso sexual. En varios, ¡en las habitaciones que hay al interior de los planteles!

También, prometió a transparentar las plantillas escolares en toda la república. ¿Resultados? Ninguno.

El balance del (in)cumplimiento de la SEP de todo lo que expresó, se puede consultar en la página electrónica de la ODI. Menciono a esta organización porque la conozco, pero hay muchas más involucradas en estas luchas.

¿A qué juega el señor Delgado? ¿A que el tiempo haga olvidar sus compromisos? Supongo que como persona rompe, sin empacho, la palabra empeñada, pero lo que realizó el año pasado lo hizo en nombre del Estado Mexicano. ¿No hay alguna instrucción presidencial para que se haga cargo de lo que aseguró?

El daño a las escuelas, al país y el magisterio por estas omisiones es severo. En general no ocurren estas brutalidades. Pero donde sí, ¿no le arde la cara de vergüenza? No, no la conoce.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México mgil@colmex.mx / @ManuelGilAnton Canal del Profe Gil en YouTube: ManuelGilAnton-X9i