La CNTE ha logrado algo que parecía improbable hace apenas unos meses: poner en aprietos a un gobierno que llegó al poder acompañado de buena parte de las causas que hoy dice representar el magisterio disidente.
La imagen resulta incómoda. Durante años, Morena hizo de la oposición a la reforma del ISSSTE de 2007 una de sus banderas políticas más visibles. La denunció en plazas públicas, la cuestionó desde el Congreso y la convirtió en un símbolo de aquello que consideraba una visión injusta del Estado. Hoy, desde el gobierno, descubre lo mismo que descubrieron sus antecesores: una cosa es combatir una reforma desde la oposición y otra muy distinta asumir el costo de revertirla.
Por eso resulta insuficiente reducir el conflicto actual a los bloqueos, las marchas o los plantones. Detrás de las imágenes que dominan las primeras planas hay una discusión mucho más compleja que merece ser entendida en toda su dimensión. Conviene recordar qué ocurrió en 2007. La reforma al ISSSTE sustituyó el sistema solidario de pensiones por un esquema de cuentas individuales. En términos simples, el modelo en el que los trabajadores activos financiaban las pensiones de quienes ya se habían retirado fue reemplazado por uno en el que cada trabajador acumula recursos en una cuenta propia para financiar su jubilación.
Desde entonces, la reforma ha sido objeto de críticas legítimas. Para muchos trabajadores significó trasladar riesgos que antes asumía el Estado. Para otros representó una disminución en las expectativas de retiro. Sin embargo, también es cierto que surgió como respuesta a un problema que ningún gobierno ha logrado resolver por completo: el crecimiento sostenido de las obligaciones pensionarias en una población que vive más años y demanda mayores recursos para su retiro.
Ésa es la parte incómoda de la conversación. Porque eliminar el esquema actual y regresar al modelo anterior no es únicamente una decisión política. Implicaría asumir compromisos financieros enormes para las próximas décadas. Las pensiones representan ya una de las presiones más importantes sobre las finanzas públicas mexicanas. Pensar que el problema puede resolverse únicamente con voluntad política es ignorar una realidad presupuestal que terminaría afectando a generaciones enteras.
La CNTE tiene derecho a defender las causas que considera justas. Lo que también tienen derecho a exigir los ciudadanos es una discusión honesta sobre los costos y las consecuencias de cada propuesta.
El problema para Morena es que se encuentra atrapado entre dos narrativas que durante años parecieron compatibles, pero que hoy chocan de frente. Por un lado, la defensa histórica de los trabajadores y de las causas sociales. Por el otro, la responsabilidad de administrar un Estado con recursos limitados y obligaciones crecientes.
Desde la oposición era relativamente sencillo denunciar. Gobernar exige algo más que denunciar. Es ahí donde la CNTE ha encontrado un punto de presión extraordinariamente efectivo. Las calles tomadas no rodean a un gobierno neoliberal. Los bloqueos no están dirigidos contra quienes impulsaron la reforma del ISSSTE hace casi veinte años. La presión recae sobre un gobierno surgido de un movimiento político que durante años acompañó muchas de las demandas que hoy enarbola el magisterio disidente.
La paradoja es evidente. Mientras más se acerca Morena a las exigencias de la CNTE, mayores son los riesgos financieros que enfrenta. Mientras más se aleja de ellas, más se expone a ser acusado de abandonar causas que ayudaron a construir su identidad política.
Por eso vale la pena observar el conflicto con una pregunta distinta: ¿quién gana con esta confrontación? Detrás de cada bloqueo hay dirigentes. Detrás de cada estrategia hay cálculo político. Y detrás de cada conflicto prolongado suele haber intereses que van mucho más allá de las demandas que aparecen en los comunicados.
¿Quién está detrás de una estrategia que parece diseñada para colocar a Claudia Sheinbaum contra la pared? ¿Quién se beneficia si una de las principales bases históricas de la izquierda termina enfrentada con el primer gobierno encabezado por una mujer proveniente de ese mismo movimiento?
La CNTE ha conseguido algo que pocos actores políticos han logrado en los primeros meses de este sexenio: obligar al gobierno a confrontar sus propias contradicciones. A veces las oposiciones más difíciles vienen de quienes durante años caminaron a tu lado.
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