Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, hoy son los dos grandes protagonistas del tenis mundial y noticia, jueguen o no jueguen. Esta vez, el US Open 2026 tendrá al español de regreso y al italiano fuera de las canchas. El primero vuelve al torneo que ganó brillantemente el año pasado, después de una larga ausencia, provocada por una lesión en la muñeca derecha.
El español ya entrena en Flushing Meadows, acompañado de su equipo y del doctor Juanjo López, confirmando que el campeón defensor está listo para regresar a la competencia.
Además, Alcaraz hará pareja con Serena Williams en el torneo de dobles mixtos, una novedosa competencia de invitación que reunirá a grandes figuras del tenis y que, aunque tiene carácter de exhibición, ofrece atractivos premios.
Del otro lado está Sinner. El número uno del mundo anunció que no jugará el US Open, después de resentirse de una lesión en la rodilla.
“Estoy triste y decepcionado”, declaró el italiano, cuya ausencia es —sin duda— una de las grandes noticias del torneo.
El US Open es mucho más que un certamen del Grand Slam. Para Nueva York, representa uno de los acontecimientos deportivos y económicos más importantes del año.
Del 23 de agosto al 13 de septiembre, con más de 30 sesiones, jornadas diurnas y nocturnas, estadios llenos, boletos con precios elevados y un enorme impacto económico y movimiento turístico, Flushing Meadows se convierte en una verdadera máquina de generar espectáculo y negocio.
Y, precisamente, el dinero vuelve a ser protagonista.
Este año, el US Open repartirá una bolsa récord de 108 millones de dólares, un aumento importante respecto a la edición anterior.
Incluso, los jugadores eliminados en primera ronda recibirán más de 100 mil dólares, una cantidad que —para muchos— representa un alivio, pero que también refleja una realidad: Competir durante toda la temporada ATP o WTA exige enormes gastos de viajes, entrenadores, preparación, acompañantes y equipos.
La polémica por los premios y las demandas de los jugadores continúa, aunque con menor intensidad. Poco a poco, los grandes torneos han entendido que el espectáculo también debe beneficiar a quienes lo hacen posible.
Al final, la realidad es clara: El tenis es un gran negocio, pero quienes más generan el espectáculo también son quienes tienen mayor poder para exigir una parte de esas ganancias.
Y, como en todos los deportes, los más talentosos terminan siendo los más beneficiados.
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