Cuando en 2003 el presidente George W. Bush decidió emprender la guerra contra el Eje del Mal (Irak, Irán y Corea del Norte) sin consultar a los europeos, no los logró convencer de las bondades de esa guerra y Francia, entre otros, Francia – entre otros- se negó a participar y esto llevó a que en Washington se renombraran las papas a las francesa (french fries) como las papas de la libertad (liberty fries) y así aparecían en lo menús hasta que la mofa de los usuarios terminó con tan ridícula decisión. Llamar el Liberty Day al día en que formalmente lanzó Trump su guerra comercial contra el mundo, no luce menos ridículo que las liberty fries.
Trump eligió los aranceles como su principal arma para rescatar a Estados Unidos del “trato injusto y abusivo del que ha sido víctima en materia comercial en las ultimas tres décadas”. Para Trump no hay excepciones. Sus vecinos y socios comerciales Canadá y México, son el primer blanco, con lo que parece decir que para ganar esta guerra no necesita aliados, pues su poderío es de tal magnitud que puede con todos al mismo tiempo. Curioso, hace 50 años, en pleno cenit del poderío estadounidense, Richard Nixon decía que Estados Unidos no podía pretender la hegemonía mundial pues el poder político, económico y militar se encontraba ya muy repartido. Desde entonces se asumía que Estados Unido no tendría la capacidad de dominar ni de controlar el mundo.
Imponer aranceles a diestra y siniestra sin negociación previa de forma arbitraria y pasando por encima de acuerdos comerciales y de reglas escritas y no escritas de la economía mundial, es una provocación generalizada que va más allá de los aranceles. El principal enemigo es China, cuya población, territorio, economía y tentáculos alrededor del mundo lo convierten en un enemigo monumental. Parafraseando el dicho popular, país de poco ruido y muchas nueces.
Lo que nadie hubiéramos esperado tan solo hace unas semanas, China se encuentra en pláticas con Japón y Corea para conformar una alianza comercial como respuesta a la embestida de Trump. Esta alianza podría incorporar eventualmente a los países de la ASEAN, ubicados en la zona de influencia de China: Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia. Con la suma de las economías y exportaciones de esta alianza, China se convertiría, sin lugar a dudas, en la primera economía mundial.
Paradójicamente Estados Unidos no solo no busca hacer alianzas sino que, explícitamente, con el trato a sus vecinos México y Canadá, pone en serio riesgo lo que supone ser su alianza comercial mas importante. Esto no solo tiene consecuencias económicas; en Canadá existe ya una fuerte animadversión hacia a los estadounidense y a quienes sienten arrogantes y prepotentes como nunca. En México está sucediendo algo similar.
Pero tampoco en el resto del mundo Trump esta buscando aliados. Los europeos, sus históricos aliados, se sienten también relegados y maltratados por Washington. Su capacidad de respuesta conjunta esta hoy limitada y en todas partes se esperan a los efectos negativos de esta guerra en la que Trump aparece como el principal provocador. América Latina está en una situación similar. Pagando las consecuencias, con poca capacidad de respuesta y prácticamente sin concertación para una repuesta conjunta. Lo mismo sucede en África.
Los internacionalistas identifican hoy en día solo dos aliados de Trump: la Rusia de Putin y el Israel de Netanyahu. La participación de estos dos aliados en el comercio mundial es poco significativa en comparación con Europa y Asia y se encuentran políticamente tan aislados como seguramente lo estará Trump en unos meses. No cuenta ni con aliados ni con amigos o los que tiene son de tan poco peso que en poco le podrán servir en esta guerra comercial.
El presidente Trump está poniendo a Estados Unidos en un lugar sin precedente en la historia. Difícilmente podrá alcanzar la edad de oro sin aliados políticos y comerciales y en el total aislamiento diplomático.
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