Los ojos del mundo estarán puestos en las medidas arancelarias que anuncie Donald Trump y en la respuesta que dé México. Las circunstancias del país lo colocan en situación única para influir en la redefinición del sistema y proteger los intereses nacionales. La responsabilidad es proporcional al enorme reto.

Sólo los detalles del anuncio del presidente de Estados Unidos serán sorpresivos, no así lo que busca lograr: convertir a su país en una “economía de producción” y emparejar aranceles al nivel que cobra el resto. Hacer esto último de manera exacta sería muy caro y de difícil implementación, por lo que se espera algún nivel de “reciprocidad”, pero no total y menos universal. Estos objetivos tienen implicaciones importantes para México que deben ser tomadas en cuenta en la definición de cómo responder.

La aspiración de una economía de producción es inviable sin la participación de México y también se beneficiaría de la canadiense. En todos los sectores importantes de su economía hay un papel relevante para recursos económicos mexicanos: fuerza laboral, talento, insumos, integración de cadenas de valor, pruebas, empaquetado, ensamble final, inversión, energía y recursos naturales. Amén, por supuesto, de que Canadá y México son, por mucho, sus principales mercados en el mundo y, en especial, para la mayoría de sus estados. Es decir, Estados Unidos puede aspirar a una economía de “coproducción” y no a una de producción.

En materia arancelaria, el objetivo trumpiano es que su producción doméstica sea la única a la que no se impongan aranceles, pero que al resto de las economías sí. No obstante, la política comercial que ha seguido en sus primeros dos meses permite prever que México y Canadá terminarán con un trato distinto al resto del mundo para ingresar al mercado estadounidense. La primera señal fue eximir, en sólo dos días, a las exportaciones que cumpliesen con las reglas de origen del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) del arancel de 25 por ciento condicionado a la colaboración en inmigración y fentanilo. La segunda, el descuento que aplicará a las exportaciones canadienses y mexicanas de automóviles y autopartes sobre el 25 por ciento anunciado hace unos días.

De esta manera, la política comercial que se espera, violatoria del principio fundamental de trato nacional y de nación más favorecida (NMF) a que se había comprometido Estados Unidos, tendría tres niveles: en el primero, trato privilegiado para la producción doméstica y para sus socios comerciales en algunos sectores, en el segundo un trato preferencial para sus socios y vecinos con aranceles superiores a cero, pero menores a los del tercer nivel para el resto del mundo.

Esta propuesta, de permanecer, tendría un profundo impacto en el sistema mundial de comercio exterior edificado sobre los cimientos del trato igualitario y de NMF.

La reacción del gobierno debe tomar en cuenta que, por una parte, bajo el esquema Trump, México terminará con una preferencia relativa con respecto al resto del mundo y que ésta es probable sea superior a la preferencia relativa bajo el T-MEC pero, al mismo tiempo, que la producción en Estados Unidos recibirá un privilegio aún mayor en varios sectores, en clara violación del T-MEC que compromete a la ausencia de aranceles entre las tres economías.

Por decirlo de otra manera, en la construcción de una fortaleza centrada en Estados Unidos, México y Canadá serían socios parciales. Esta preferencia relativa, aunque injusta y contraria al TMEC, tiene valor y es importante planear cómo aumentarla mientras dure el esquema Trump y se impongan aranceles a México aunque se cumpla con la regla de origen, y estar posicionados para cuando Estados Unidos regrese a una política más aperturista total o sectorial si lo hace en un futuro (no improbable).

La tiene implicaciones que deben tomarse en cuenta. La primera es que el cumplimiento con las reglas de origen del T-MEC se vuelve más importante ya que un porcentaje no menor de las exportaciones nacionales ingresaba a Estados Unidos no bajo el esquema T-MEC, sino simplemente con arancel cero de NMF, como se puede ver en la gráfica siguiente. De prevalecer la imposición de Trump de aranceles de NMF superiores para los bienes no originarios en su política de reciprocidad, el valor del arancel cero bajo T-MEC adquiere una mayor relevancia y se vuelve crucial incorporar valor agregado norteamericano por unidad producida y exportada.

Si México realmente quisiera aprovechar la oportunidad que pone en la mesa Trump de una política industrial ambiciosa para impulsar el contenido nacional, necesitaría un ecosistema energético de altísima competitividad, diversidad de fuentes y baja contaminación para poder producir las resinas, plásticos, fibras sintéticas, vidrio, fibra de vidrio, aceros especializados e inoxidables de alta especificación indispensables para incorporar valor agregado nacional. Este ecosistema permitiría producir insumos con competitividad para rivalizar con Asia por el precio del gas natural en América del Norte. Sin ecosistema, las mejores, pero menos, plantas para la producción escogerán Estados Unidos a pesar de su escasez laboral.

Grafica de Luis Fernando de la Calle
Grafica de Luis Fernando de la Calle

La segunda implicación es que la preferencia relativa no es estática, sino que puede mejorarse si se demuestra la competitividad de América del Norte con la participación de México. El éxito de las operaciones en el país produciría la constelación necesaria de fuerzas en Estados Unidos para ampliar la preferencia hasta que se goce la misma que su producción doméstica.

La tercera es que el cambio radical en el compromiso de Estados Unidos para con la legalidad y los tratados internacionales requiere que México refuerce su capacidad de en materia de comercio e inversión. Por la vecindad y tamaño, el divorcio económico de Estados Unidos no es opción ni para Canadá, ni para México. No obstante, la diversificación en el margen para enfrentar fluctuaciones de Estados Unidos y asegurar que su preferencia relativa en México y Canadá sea atractiva es alcanzable con cierta facilidad.

En la medida en que México tenga una relación comercial robusta con Europa, Asia y América Latina, los intereses económicos de Estados Unidos argumentarán a favor de que permanezca la preferencia que les da el T-MEC. Es decir, la amenaza de aranceles es mucho más creíble si los consumidores (hogares e industriales) en México y Canadá tienen opciones fuera de la región.

En función de lo que anuncie Donald Trump estos días, el país deberá responder. Para ello es clave considerar la preferencia relativa y su potencial crecimiento, la oportunidad de generar mucho más valor agregado nacional y profundizar el nearshoring, la importancia de contar con socios robustos fuera y la necesidad de aumentar el atractivo para invertir aquí.

Es probable que Estados Unidos orille a México a pedir consultas bajo el sistema de solución de controversias del T-MEC y la Organización Mundial de Comercio (OMC) y a usar el derecho bajo T-MEC de tomar represalias. La más lógica es una de reciprocidad, pero con niveles arancelarios lo menos dañinos posible. Evitar lo que el propio gobierno ha bautizado como “balazos en el pie” y jugar un papel que destaque globalmente.

X: @eledece

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