Conocí a Ernesto Ruffo Appel en 1982. Era Director General de Pesquera Zapata y presidente del Centro Empresarial de Ensenada. Tenía 30 años y con gran carisma comandaba a un entusiasta grupo de empresarios locales. Su talante servicial y estilo afable lo convirtieron en personaje respetado por amplios grupos sociales bajacalifornianos .
Aquellos eran años de inquietud e inconformidad cívica. La sociedad mexicana se sabía mal gobernada; los mexicanos resentían en su vida diaria los abusos de un sistema autoritario y corrupto, que había transformado en cenizas las esperanzas y ahorros de miles de familias.
En ese contexto surgieron en diversas regiones del país liderazgos que encabezaron la rebelión democrática. Los chihuahuenses Francisco Barrio y Luis H. Álvarez tomaron la delantera en 1983.
En Ensenada, Ruffo puso en marcha aquella insurgencia cívica. En 1985, postulado por el PAN, fue electo presidente municipal. Fue una proeza: primera vez en la península norteña que la aplanadora de la dictadura perfecta no pudo imponerse sobre la valiente voluntad de los ciudadanos.
Como alcalde fue objeto de agresiones de parte del gobernador priista Xicoténcatl Leyva Mortera para sabotear su administración.
Sin embargo, el liderazgo popular de Ruffo se consolidó cuando el sátrapa estatal urdió un paro de trabajadores del servicio municipal de limpieza. Fracasó rotundamente; el alcalde convocó a la población a barrer las calles y se colocó al frente de la multitud de mujeres y hombres que respondieron a su convocatoria. Fue una lección de fuerza cívica que habría de convertirse en una verdadera insurgencia estatal en 1989. En la campaña por la gubernatura Ruffo levantó la voluntad, el valor y la decisión de las y los bajacalifornianos para lograr el cambio democrático mediante una movilización alegre, contagiosa, que adoptó la canción “Agárrense de las manos” —popularizada por “el Puma” José Luis Rodríguez— como himno de solidaria rebelión cívica.
Triunfó por abrumadora mayoría de votos. El viejo sistema autoritario se rindió frente al poder de los ciudadanos. Así, Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador surgido de las filas de la oposición en la prolongada historia de hegemonía priista.
En 1992, ya gobernador, creó la credencial local con fotografía para votar. Le demostró a un reticente gobierno federal su factibilidad técnica y financiera. El día que los bajacalifornianos sufragaron con ese plástico por primera vez en la historia del país, conquistaron para todos los mexicanos esa herramienta de identificación, valiosa especialmente para los más pobres. La actual credencial INE es, sin duda, un legado de Ernesto Ruffo para todos sus compatriotas.
Hoy, el cuatroteísmo tiene preso a Ruffo. Es preso político. Pero la historia enseña: los racistas sudafricanos encarcelaron a Nelson Mandela, los tiranos comunistas de Polonia encerraron en calabozo a Lech Walesa, en Brasil los autoritarios recluyeron a Lula da Silva. Los quisieron sepultar vivos con expedientes amañados, validados por fiscales y jueces de consigna. Tan injusta persecución los llevó a la presidencia de sus países.
@lf_bravomena
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

