El régimen de la 4T logró en siete años destruir el sistema democrático y pervertir el régimen republicano. Sobre sus ruinas implantó una maquinaria de poder autoritario incontrastable. Este Leviatán es amo y señor. Son pocos los residuos democráticos que sobreviven. Controla los tres poderes de la Unión: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, deshizo los órganos e instancias dotados de autonomía. El INE y la CNDH conservaron el nombre pero perdieron el alma, hoy son tentáculos de la misma bestia.
A la vista de tan arrasador avance, sus conductores deberían sentirse muy seguros en sus tronos. Pero no lo están. Sus actitudes y mensajes revelan un estado de ansiedad y angustia profunda. Con tan inmenso poder acumulado, los atormenta la pesadilla de perderlo; quieren asegurarlo abusando del que ya disponen.
Revelan esta situación dos proyectos en los que en el grupo gobernante está embarcado. Uno, en el terreno doméstico: el llamado plan B de la reforma electoral. El segundo, en el ámbito externo: la negociación del T-MEC, cuya naturaleza estrictamente económica-comercial, dadas las circunstancias del caótico entorno internacional, se mezcla inevitablemente con las estrategias geopolíticas de las potencias que luchan por redefinir el orden global.
Aunque parezcan muy distantes, el tema electoral y la negociación comercial con EU y Canadá no son ajenos, forman parte de un todo sistémico. Es por ello que el régimen debe encarar dilemas cruciales y definir el tipo de discernimiento, pragmático o ideológico, para resolverlos.
El propósito del Plan B electoral es blindar la hegemonía del grupo cuatrotero. Le propina fuerte golpe a la mitología del federalismo y aplica marca de fuego centralista con el pretexto de reducir los costos en congresos locales y cabildos.
La aparición de ese ánimo ahorrativo sorprende, porque en lo federal los órganos de transparencia y control del gasto se debilitaron y ahora impera la opacidad que facilita el saqueo impune y el contratismo tramposo.
¿Por qué lo electoral puede ser un elemento que contamine indirectamente la negociación comercial? Porque el blindaje en México del poder absoluto le permitiría tomar medidas y dictar disposiciones a contrapelo de lo dispuesto en los acuerdos comerciales, y como ya ha sucedido, a los gobiernos e inversionistas lo que menos les atrae es verse envueltos en litigios y páneles para resolver controversias.
¿Por qué las negociaciones del T-MEC, pueden afectar la dominación cuatroteísta? Porque si no genera certidumbre y certeza absoluta entre los socios comeciales, no se alcanzará el volumen de inversiones que el país requiere para crecer. Sin aumento en los ingresos fiscales, el gobierno no podrá financiar sanamente al instrumento angular de su aparato de dominanción política.
De hecho, ya mismo, para mantener el control social territorial que ejerce a través de los llamados “siervos de la nación” y el uso ilegal, partidista y faccioso de los programas sociales, ha tenido que drenar los presupuestos del resto de la administración y aumentar el déficit público. A este ritmo vamos a una nueva quiebra, como las de 1982 y 1994. Crisis que iniciaron el fin del viejo del PRI.
Estas son algunos de los dilemas y las inconsistencias que provocan la inseguridad y el nerviosismo en los personeros del régimen.
También habría que incorporar al análisis el narcopoder y la seguridad hemisférica, el costoso amorío con la dictadura cubana y la desestabilización mundial, todos con igual o mayor potencial perturbador para el oficialismo.

