La inteligencia artificial (IA) no vendrá: ya está aquí y no siempre con su mejor versión.

Situaciones recientes lo confirman. En la jornada de violencia que enfrentó el país hace unas semanas, circularon profusamente en las redes sociales imágenes falsas generadas con IA. Las universidades jesuitas no fueron ajenas a esta ola: hubo fotografías que mostraban daños en uno de nuestros campus. Estos diseños conocidos como “deep fake” no se pueden reducir a una anécdota. Su amplia difusión contribuyó a generar miedo, desinformación y confusión. Fueron empleados para aterrorizar.

Ante fenómenos de esta naturaleza, inevitablemente surgen preguntas sobre cómo se diseñan y difunden estos contenidos en las redes digitales; cómo alteran e impactan en la sociedad; cómo generan desinformación y confusión. Algoritmos que se justifican por haber sido diseñados para beneficio de la humanidad terminan al servicio de intereses opacos y sectarios.

La realidad es que la IA, presente de manera creciente en múltiples espacios de nuestra vida, muestra de manera diáfana su doble y simultánea función: como herramienta que facilita y potencia capacidades humanas en diversos ámbitos; así como instrumento de desinformación que reproduce dinamismos de exclusión. La pregunta no es si usaremos o no la IA, sino cómo mitigamos sus efectos perniciosos al tiempo que potenciamos sus posibilidades liberadoras.

Se ha propuesto la regulación como un camino. Habrá que explorar esa vía. Pero es urgente que surjan propuestas educativas capaces de formar a las y los profesionistas que se especializarán en las potencialidades y en los desafíos abiertos por esta nueva tecnología. Importa aún más porque se avecina una transformación estructural del mercado laboral y del modelo productivo global: el Foro Económico Mundial estima que hacia 2030 se crearán 78 millones de empleos directamente relacionados con la inteligencia artificial.

La Universidad Iberoamericana, potenciada por una tradición pedagógica centenaria que asume sin titubear los desafíos de su tiempo, desde hace unos años empezó a responder a esta urgencia. Recientemente, lanzamos una nueva ingeniería en inteligencia artificial con el fin de entrar de lleno en este campo. Se trata de una propuesta innovadora que ha sido construida no sólo con los últimos avances de las tecnologías emergentes, sino también con el sello de la educación jesuita, que integra a lo técnico lo ético y lo político como rasgos que definen cualquier práctica humana.

La creación de esta ingeniería responde a la convicción de que este fenómeno social y tecnológico no puede ser observado desde la distancia inherente a las simplificaciones cómodas: si nos aproximamos a su desarrollo sólo con temor paralizante o sólo con entusiasmo acrítico, corremos el riesgo de no entenderlo ni asumirlo a cabalidad.

Y es que cada sistema algorítmico tiene impactos sociales, cada modelo incorpora supuestos y cada decisión tecnológica tiene consecuencias. La inteligencia artificial carga consigo las contradicciones del sistema de relaciones en que ha surgido.

Al entenderlo así, con esta nueva apuesta educativa, la IBERO aspira a ser un espacio de convergencia donde dialoguen la complejidad de la técnica y las interpretaciones sociales y humanas. Un lugar donde las y los jóvenes no separen la eficiencia de la justicia, la innovación de la dignidad, el desarrollo tecnológico de la responsabilidad social; un ágora donde sea posible deliberar con los instrumentos de nuestro tiempo para contribuir a una realidad digna e incluyente para todas y todos.

Rector de la Universidad Iberoamericana

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios