Debo confesar que no la pasé nada bien en la primera semana de campañas de quienes aspiran a integrar el nuevo Poder Judicial. En primer lugar, fui agregada a grupos de WhatsApp de conocidos que no sabía ni siquiera que se habían inscrito y que ahora me pretendían integrar a su equipo de campaña. Me empezaron a llegar notificaciones de personas que estimo y que ahora compiten por la simpatía. La historia de “más preparado que un chicharrón” en los pasillos de mi Facultad, se hizo viral. Otras campañas continuaron, después de meses de haber iniciado fuera de los tiempos legales. Hay que hacer lo que logre empatía: acariciar perros, por ejemplo, o acudir al gimnasio para que tengamos jueces y juezas fitness.
Algunos cambiaron el traje por la ropa casual de campaña. Me enterneció el video casero de una amiga que mostraba su nerviosismo frente a la cámara de su celular y decía: “yo no sé hacer esto (grabar y pedir el voto), pero estoy aquí y voy a continuar porque quiero ser magistrada”. Luego explicaba la importancia de la materia que había elegido y muy sintéticamente qué le tocará hacer en el caso de resultar electa.
Desde los primeros días, los videos caseros contrastaban con aquellos que implicaron una fuerte erogación económica para pagar a profesionales que hicieron grabaciones en donde se cuidó hasta el mínimo detalle del contenido del mensaje y la imagen de la persona. Hay fotos con más o menos photoshop, con más o menos calidad, con sonrisas amplias o estrechas junto a un color y a un número. La gente habrá de llevar su acordeón para recordar ese número y el turquesa, el rosa, verde o morado, etc, según corresponda.
Hubo quienes más que defender la autonomía, que debería ser un principio fundamental para considerar, buscan, en cambio, mostrar la cercanía con el régimen. Tal sería el caso de Dora la Transformadora quien también se hizo viral con su lema.
En fin, en medio de las campañas, que nos seguirán dando tema de conversación las siguientes semanas, seguí yendo a la Facultad a dar mis clases con la oportunidad de reflexionar, colectivamente, sobre el futuro inmediato de la justicia en México. Es previsible que baje la matrícula de los estudiantes interesados en el Derecho en estos momentos de crisis. A los que los tomó a medio camino, les preocupa su futuro porque, al menos en una década, el sistema de impartición de justicia no va a lograr estabilizarse.
Hay que recordar que no se trata sólo de sustituir a los integrantes de la Suprema Corte, sino a más de la mitad del Poder Judicial Federal en su conjunto, más algunos poderes judiciales locales. Ya habíamos hablado aquí de la curva de aprendizaje por la que atravesarán quienes nunca han desempeñado esta tarea, que no es para nada sencilla, por cierto. Los litigios en materia mercantil van a disminuir porque las grandes y medianas empresas ya están previendo, desde hace meses, soluciones por la vía del arbitraje.
Muchas de las personas que van a acudir a votar en junio tal vez nunca tengan necesidad de acudir a un Tribunal, menos a un amparo; quienes sí, verán que el camino será tortuoso -nadie puede negar que ya lo es-, pero también más tardado.
En este nuevo contexto, los abogados tendremos que cambiar nuestro rol y enfocarnos más a la prevención de los conflictos y a las soluciones, en lo posible, fuera de tribunales. Ahí hay un nuevo gran reto para las Facultades y escuelas de Derecho.
Catedrática de la UNAM @Leticia_bonifaz