En la visión del humanismo mexicano, el desarrollo integral de las mujeres es fundamental para la agenda de gobierno. La Dra. Claudia Sheinbaum ha reiterado en varias ocasiones que una profunda transformación social y política solo se puede alcanzar si las mujeres participan activamente en todos los planos de la vida pública del país, sin distinciones, ni discriminación.

En este sentido se han emprendido, desde el inicio de esta administración, diferentes acciones que buscan garantizar esta participación de las mujeres, adolescentes y niñas; en todas las esferas de la Nación.

Ahora bien, de acuerdo con los últimos censos del INEGI, en México una de cada diez mujeres es de origen indígena. Esto representa poco más de 6.5 millones de mujeres en todo el país. Aunque hay presencia en todo el territorio nacional, las entidades que concentran el mayor número de comunidades indígenas son Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Veracruz, Puebla, Yucatán, Guerrero e Hidalgo.

En paralelo, son también estas entidades las que enfrentan los niveles más altos de pobreza, lo cual sigue siendo un reto y una prioridad en términos de políticas públicas destinadas a acortar las brechas de desigualdad.

Ser mujer indígena en nuestro país no es fácil. Estudios antropológicos y sociológicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) siguen evidenciando que este grupo poblacional enfrenta serias dificultades para tener acceso a servicios básicos, a la salud, a la alfabetización, al trabajo y a un ingreso digno, por ejemplo. Pero también, son las mujeres indígenas mexicanas quienes padecen los niveles más altos de violencia, discriminación y exclusión social.

Un dato que nos deja ver el tamaño de esa situación es que, hasta el 2024, por lo menos el sesenta por ciento de las mujeres mayores de 12 años, de origen indígena, seguían realizando actividades no remuneradas en el hogar y en sus comunidades. Si bien se trata de prácticas sociales y culturales profundamente arraigadas, el cambio desde la administración es fundamental para sacarlas de esta condición.

La presidenta Claudia Sheinbaum, bajo esta lógica, ha impulsado una serie de acciones y apoyos enfocados a las mujeres indígenas. El programa “60 a 64”, por ejemplo, ha dado prioridad a más de 1 millón de mujeres, poniendo a la cabeza las mujeres indígenas reconocidas por el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas.

Pero también, en su primer año de gobierno, se han implementado los Apoyos Financieros a Mujeres Indígenas y Afromexicanas Artesanas por 500 millones de pesos y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) que brinda apoyos a más de 17 mil artesanas en todo el país. Todo ello considerando una de las principales actividades económicas de las mujeres indígenas.

Además, se ha puesto en marcha una intensa campaña de reivindicación histórica de la importancia de las mujeres indígenas en México. La inauguración del Paseo de las Heroínas en Reforma, una de las principales avenidas de la ciudad, es como bien dijo la titular del Ejecutivo, un acto de justicia social e histórica, ante la segregación de éstas de la vida social, cultural y política del país.

México vive un momento histórico de cambios estructurales y de políticas sociales, pero también de paradigmas en todas las áreas de la vida pública. Para nuestras mujeres indígenas, estos cambios deben representar oportunidades para mejorar sus condiciones de vida y sumarse a las decisiones que tienen que ver con su presente y su futuro. Como servidores públicos, nuestra responsabilidad es acompañar esos cambios y continuar con la búsqueda de ese mejor país, inclusivo, plural, para todas y todos.

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