Francisco Villa ha sido símbolo, héroe popular de varias generaciones de mexicanas y mexicanos que vemos en él, junto con Emiliano Zapata, al corazón del mayor movimiento social que ha visto la historia de México y, probablemente, de América Latina: la Revolución Mexicana. Apoyó la lucha de Francisco I. Madero contra la dictadura porfirista. Tras el triunfo inicial de la revolución y posterior asesinato de Madero, en 1913, se unió a la lucha contra Victoriano Huerta. Reunió y organizó fuerzas revolucionarias de Chihuahua, Durango y la región lagunera bajo un mando militar unificado en la División del Norte.
Entre los principales triunfos militares de ese ejército villista se encuentra la toma de Ciudad Juárez, la ocupación de Chihuahua y la batalla de Zacatecas en 1914.
Conforme al Plan de Guadalupe, lanzado por Venustiano Carranza, asumió el gobierno de Chihuahua, en cuyo mando permaneció del 8 de diciembre de 1913 al 7 de enero de 1914. En ese breve mandato, emitió 17 decretos.
En materia económica, determinó la concentración del impuesto del timbre y anuló adelantos del Impuesto de Contribución y Ventas. Suprimió los impuestos de importación en la Aduana de Ciudad Juárez a los productos de consumo básico de la población. Creó el Banco del Estado, que acuñó monedas de plata y emitió papel moneda, respaldado con los bienes confiscados a grandes terratenientes, como los correspondientes a las familias Creel, Terrazas y Falomir.
La confiscación de bienes de los enemigos de la Revolución se concentró en el decreto publicado el 12 de diciembre de 1913, dirigido a las propiedades de Luis Terrazas e hijos, hermanos Creel, hermanos Falomir, José María Sánchez, hermanos Cuilty, hermanos Luján y J. Francisco Molinar. Los bienes serían administrados por el Banco del Estado. Tan sólo la familia Terrazas poseía 2.2 millones de hectáreas.
En cuanto a medidas de carácter social, ordenó la reducción inmediata de 85% del precio de la carne, el maíz y el frijol. La carne pasó de un peso a 15 centavos por kilo. Impulsó una reforma educativa para crear 50 escuelas en menos de un mes y reabrió el Instituto Científico y Literario (que después se transforma en la Universidad Autónoma de Chihuahua). Para mejorar los servicios públicos, ordenó a sus soldados apoyar en labores operativas en el sistema de tranvías, la planta eléctrica, los telégrafos y el suministro de agua potable.
Personas desempleadas de las madereras y minas destruidas por la guerra en Madera, Pearson (Mata Ortiz) y Casas Grandes, recibían diariamente raciones de alimentos con costo al Ejército Constitucionalista, por orden de Villa.
Decretó la ley seca y cerró cantinas. Reorganizó los ferrocarriles, instaló el primer telégrafo inalámbrico del norte e instaló molinos de harina y mataderos de ganado. Además, prohibió a los soldados tomar caballos o cualquier bien de la población. Emitió una “Manifestación Amnistía”, en la que perdonaba a los partidarios del huertismo, que iba acompañada de la orden de entregar todas las armas suministradas por el huertismo en el cuartel general. Sin embargo, expulsó a los españoles de la entidad, acusados de apoyar al gobierno usurpador.
En su gabinete integró a miembros de la Junta constitucionalista formada en El Paso, Texas, semanas después del golpe militar de Huerta contra Madero. El periodista Silvestre Terrazas, director de El Correo de Chihuahua, fue designado secretario general de Gobierno; Sebastián Vargas, tesorero general del Estado, y Matías C. García, director general de Instrucción Pública.
Este breve paso por el gobierno, junto con el posterior impulso de la reforma agraria, catapultó a Villa en la memoria de la justicia popular.
Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

